Cuando por primera vez tuve la oportunidad de escuchar estos tonos de vanguardia psicodélica, deduje al instante que la música de este súper grupo requiere de un gran esfuerzo para el escucha. Esto debido a que, difícilmente, esta construcción de sonidos se presta para crear algún tipo de paralelismo o concomitancia directa con algún exponente del Metal actual y sobre todo porque plantea un verdadero reto para el metalero ordinario la comprensión de esta manifestación artística.
Es palpable el hecho de que esta música realmente produce una extraña sensación de alteración en la forma en que se interpreta el Metal moderno ya que introduce un nuevo contorno estético inteligible a este lenguaje musical, por lo que es necesario un replanteamiento de ideas con respecto a la definición de lo que este es y puede llegar a ser en un futuro no tan lejano. Esto demuestra una sola cosa: el Metal no tiene límites y la evolución y progresión del mismo es una realidad.
La naturalidad de la obra se pone de manifiesto al ser concebida como un todo conceptual en un ambiente lleno de sugerencias en donde se nutre de gran abundancia de estilos para alcanzar un propósito más impresionista y elocuente. Esto lo logran sobresalientemente con esplendidos cromatismos y texturas muy bien proyectadas sobre la base rítmica, en donde Hellhammer nos demuestra, esta vez con mayor contundencia que nunca, que su capacidad no se limita a los Blast-Beats como algunas mentes ingenuas supondrían.
Otro punto interesante es la combinación de los teclados, en donde es claro que para las secciones más prog-rock utilizan sintetizadores para resaltar lo psicodélico y espacial, dejando el escenario para que el piano se luzca en arreglos de mayor ímpetu armónico. Es justo en estas frases en donde encontramos los momentos de mayor inspiración y complejidad técnica, que no dejan de ser extravagantes al mismo tiempo.
La mayoría de estructuras son apoyadas con las cuerdas (lo que recordara inevitablemente a Winds en algunos momentos sobretodo por lo melancólico y depresivo) y los riff de guitarra, que sin ser de primer nivel, cumplen con lo básico. La fría voz del multifacético Lars Nedland (Borknagar, Solefald) es convincente pero no memorable, aunque se adapta bien a la temática del álbum.
Ésta temática se basa en una búsqueda de una explicación racional del ser humano y su comportamiento y a la forma en que este interactúa y se comunica en un hábitat moderno y artificial en donde el ser es insignificante, lo filosófico ineficiente, la religión un mecanismo sintético y el proceso del pensamiento ha sido estandarizado por una concepción corporativa fabricada y calculada para reducir la vida a un movimiento lineal entre dos puntos adyacentes.
Una obra pesimista y llena de significados que recomiendo para toda mente no ortodoxa y que este abierta a la experimentación musical.
Calificación: 88/100
Salvador |