Luego de dos discos altamente aclamados tanto por la crítica como por el público, como lo fueron “Alice In Hell” y “Never, Neverland”, Annihilator se encontró con un gran dilema: ¿cómo superar lo anteriormente hecho, a la vez que se presentaba a un nuevo cantante? Coburn Pharr, quién previamente había sustituido a Randy Rampage en los vocales, se marchó del grupo, dando inicio a lo que ha sido el talón de Aquiles de la agrupación: la inestabilidad en su formación.
Ante esta situación, Jeff Waters, guitarrista y mente maestra de Annihilator, incorpora en sus filas a Aaron Randall. Pero eso no era todo, habrían más cambios: Dave Scott Davies fue reemplazado por el guitarrista Neil Goldberg, mientras que Mike Mangini ocupaba el puesto que anteriormente fue propiedad de Ray Hartmann. Junto a ellos, Wayne Darley en el bajo y el susodicho Waters entran a estudio a grabar “Set The World On Fire”, tercer álbum de los thrasheros canadienses.
“Set The World On Fire”, salido en 1993, representa un cambio en el sonido de Annihilator. Tiene una potencia y un aire diferente a la de sus predecesores. Esta grabación, más que un disco de thrash metal, es una obra de heavy metal. Las composiciones, aunque poseen elementos claves y característicos del sello Waters, son más directas y concisas. No están plagadas de esos riffs alucinógenos, ni de esos increíbles cambios de ritmo o de las altas dosis de virtuosismo escuchados anteriormente, aunque esto no quiere decir que no están presentes del todo.
Pero no se confundan, ya que el decir que tiene una potencia diferente a la de los discos anteriores no es sinónimo de que sea malo. Tiene una energía y una vibra diferente y explora otros niveles de composición, que muestran la versatilidad de Waters y compañía. En esta producción, encontramos aspectos mucho más melódicos, gracias en mucho a la voz de Randall, quién tiene un rango vocal diferente tanto al de Pharr como al de Rampage, es menos carrasposo y con mucha más armonía, por decirlo de una forma.
Las canciones, aunque talvez con menos peso que las incluidas en las anteriores producciones, son realmente magistrales, y están muy bien trabajadas. Eso sí, no son temas veloces, rondan más que todo un compás de medio tiempo clásico. Las únicas excepciones podrían ser “No Zone” o “The Edge”, aunque tampoco es que sean súper rápidas, simplemente son más rápidas que el resto del disco.
Cómo se mencionó anteriormente, son más directas, tal es el caso del tema título, con un excelente y pesado riff, “Bats In The Belfry” o “Knight Jumps Queen”. El aspecto acústico se explota mucho más en “Set The World On Fire”, en temas cómo “Snake In The Grass”, la bella “Sounds Good To Me” o la maravillosa e increíble balada “Phoenix Rising”, que el solo escucharla eriza la piel y brinda grandes momentos de emotividad… ¡un tema que espero toquen en mi funeral!
Por supuesto, esas increíbles muestras de virtuosismo están presentes, sólo que en menor grado. ¡Pero en que forma se encuentran, por Dios! El riff de inicio de “Don’t Bother Me” tiene que ser uno de los más complicados que Annihilator haya escrito, o al menos así suena. Pero el inicio de “Brain Dance” es simple y sencillamente indescriptible… unos contratiempos y paradas que dejan a cualquiera preguntándose: “¿que pasa aquí?”, para dar paso luego a un tema en la vena clásica de Annihilator, con esos solos propios de Waters. Y el centro de la canción, amigos, es una de esas absurdas composiciones que, sin embargo, se convierten en elementos característicos de la banda, con unos coros y voces que bien podrían ser catalogados de insulsos, pero que simplemente uno no puede evitar gustarles.
¿Logró “Set The World On Fire” superar lo logrado por “Alice In Hell” o “Never, Neverland”? No me atrevería a dar una respuesta. Tanto “Alice In Hell” como “Never, Neverland” son obras clásicas, discos estándar en el ambiente thrash mundial, difíciles -por no decir imposibles- de superar. Pero, aunque diferente, “Set The World On Fire” posee su propia identidad, y es, con mucho, uno de los discos más trabajados de Annihilator. Un álbum que talvez decepcionó a muchos, al no seguir el patrón de sus dos primeros discos, pero que en definitiva, pone en la palestra a Annihilator como una fuerza digna de tomar en cuenta.
Calificiación: 92/100
Randall