Atheist es una de las bandas más importantes de la historia del Metal por ser los impulsores de lo que conocemos como Technical Metal o lo que algunos llaman Fusion o Deathcore-Jazz o Progressive Metal; su influencia es masiva sobre todas las bandas que practican ideas musicales emparentadas con los antes mencionados estilos o con formas del Metal que requieren de un exigente nivel de dominio técnico, tanto así que influenciaron a clásicos como Cynic, Death y Pestilence.
Otra situación que resulta memorable en Atheist es el hecho de ser la segunda agrupación de Metal en involucrar directamente formas de Free-Jazz o Jazz Fusión en sus composiciones (los primeros en ostentar ese carácter fueron los Tejanos de Watchtower) y por si fuera poco resulta fundamental reconocer que hay una fuerte tendencia de sonoridades latinas en esta música, no solo por el hecho de que Tony Choy es cubano o por la participación de Marcel De Santos (baterista de Jazz) en la gira del “Elements”(en donde nos encontramos incluso con una zamba al estilo Atheist), sino por los intrincados patrones rítmicos de la batería y por la forma de líneas de percusión con que ataca el bajo.
Por supuesto que esta manifestación no surgió por generación espontánea; las raíces son claras y apuntaría principalmente a la música de Frank Zappa, King Crimson, Rush y por supuesto Watchtower. Todos ellos apuntan a un nivel de destreza y virtud elevado, y una gran dosis de locura innovadora que precisamente es lo que encontramos en Atheist y esto es lo que ha hecho que este tipo de exponentes rompan las viejas tablas para crear nuevas tablas de valores.
Esta obra está dedicada a Roger Lee Patterson (R.I.P), bajista original de la banda y que murió trágicamente en un accidente de transito el 12 de Febrero del año de 1991 y que fue uno de los músicos más talentosos que ha tenido la escena Metal mundial en toda su historia y que compuso prácticamente todas las secciones del bajo en esta obra con la excepción de las contribuciones que realiza Choy en “Mother Man” y “And The Psychic Saw”.
Atheist, como en el caso Pestilence con el disco Spheres (1993), sufrió del rechazo generalizado pues su propuesta fue totalmente incomprendida en su momento y es de esas bandas que ha ganado seguidores con el pasar de los años; actualmente su propuesta ha sido revalorada y esto es prueba de que su música es mucho más receptiva a oídos del metalero contemporáneo, esto se explica debido a que la gran mayoría de agrupaciones (al menos las que se toman la música en serio) están trabajando en el aspecto de explotar más los conocimientos técnicos y el resultado es que muchos están logrando lo que esta banda hacía hace ya 14 años.
Evidentemente esta gente estaba adelantada a su época y desde la pieza de apertura el estupendo nivel de la banda asalta sin misericordia al escucha con una dosis descarnada de tiempos y un formidable contrapunto que para la época era algo impensable en una banda de Metal extremo; mientras todo el mundo se empeñaba por el Blast-beat ellos daban una lección de cómo orquestar las voces y dar mayor contundencia y coherencia a las frases solistas.
Cuando se escucha las instrumentaciones de Your Life’s Retribution y Enthralled in Essence la reacción es: ¿Qué demonios están tocando estos sujetos?; la sección en si es tan descabellada que difícilmente se le puede catalogar a esto como Death Metal o Thrash. Los acentos de Jazz en las figuras de la batería y el bajo así como el contraste de excelentes riffs generan un macrocosmo de imágenes bizarras y caos controlado en donde se enlazan los segmentos en inusuales lugares, con sorpresivos cambios que dan una sensación que las piezas fueron concebidas como improptus.
Los poliritmos esquizofrénicos y demenciales de The Formative Years y Brains generan profundas irregularidades en el terreno y así nos encontramos con un incesante ir y venir, en donde los segmentos colisionan uno con otro de manera entrecortada, generando estructuras rítmicas sincopadas.
La capacidad interpretativa de toda la banda es asombrosa y queda marcada como uno de los más elaborados manifiestos de música extrema de todos los tiempos y es, incontrovertiblemente, un clásico que merece tributo y crédito por su ilimitada visión artística.
Calificación: 98/100
Salvador |