Esta banda italiana, nacida en el año 2003, después de grabar un EP de cuatro canciones, “Stati Alterati”, y en 2005 un largo llamado “A parte”, regresan con su renovada alineación con esta producción a tratar de consolidarse como una banda importante dentro del medio italiano, con repercusiones mas allá de sus fronteras, teniendo adeptos incluso en EU y Japón, y buscando obtener mas renombre y por supuesto, aumentar el número de seguidores hasta ahora obtenidos.
Si bien el Progresivo es un género con bastante competencia, por la capacidad de seducir tanto a metaleros como rockeros por igual, así como gente de todas las edades, es necesario tener una capacidad técnica muy alta, y sobre todo, una muy vasta imaginación dentro de la composición, y esta banda cuenta con los argumentos para tener un sitio dentro del nicho que ha tenido un impresionante crecimiento en italia.
Abren con “The Persistence of Memories”, una canción pegajosa, con ciertos tintes comerciales, y con un reciclado sonido que no puede evitar evocar a bandas como Dream Theatre, sin duda una apertura que busca enganchar y sorprender a propios y extraños. Camina sobre una sencilla línea melódica, con un coro muy fácil de recordar y secuencias cortas, pero muy bien estructuradas. Valerio Rizzoti de inmediato toma la batuta con su singular canto y su buena ejecución en la guitarra, que navega de lo acústico a lo eléctrico en varias ocasiones, y por supuesto de lo rápido a lo lento, con cambios bastante dramáticos, pero bien logrados.
Le sigue “Bad Dreams”, que permite a Christian Moro experimentar mas con las atmósferas y los sonidos sintetizados. De igual forma, es pegajosa, y utiliza acordes de guitarra inusuales, para dar mayor énfasis en el estilo. Con un tempo un poco mas lento, y una línea de bajo con sabor a jazz, y una batería con rompimientos bastante cargados y complejos, con acentos muy marcados. Una estructura muy bien definida, y la infaltable parte acústica, que sumerge al escucha en un ambiente de media luz y aire reflexivo e introspectivo, para regresar a una melodía mas oscura y dinámica y finalmente explotar en estridentes notas aparejadas de bombos dobles, y aterrizar en la melodía original.
Con “A Second”, utilizan la misma fórmula de progresiones de guitarra seguidas de silencios. La batería se deja ver entre los silencios con ritmos groove y la aparición de diferentes platos que matizan los diferentes momentos de la melodía. Para la segunda mitad de la canción, a pesar de los cambios que genera la instrumentación, la melodía sigue repitiendose una y otra vez, lo que da un poco la sensación de aburrimiento y termina por no cuajar por completo. Un final muy peculiar, que también me parece demasiado largo, pues parece que va a terminar en una gran explosión, que al final es contenida, para conectarse con la siguiente canción.
“Burning Ashes”, muy al estilo de los grupos progresivos, viene conectada de la anterior canción, para dar la impresión de ser una sola pieza. Canción suave, con pasajes melancólicos que sirve de puente para conectarse con “Ecce Homo”, que es el desahogo de todo lo que se venía generando en cuanto a sensaciones y emociones. Un desesperado grito de frustración, desencanto y vacío, que sale al aire con tintes de furia y locura. Basta escuchar la línea “walking like a man on the road to nowhere”.
“In Circle”, una epica canción de mas de 8 minutos y medio, con bastante fuerza, un tono mas pesado, empujado por la distorsión del bajo, y con muy buenos cambios, que va y viene de lo fuerte a lo suave, solo para recargarse y regresar con mas fuerza. Una buena descarga de adrenalina para los músicos.
“Dark Earth” inicia con fuerza, con riffs pesados, y seguida de una progresión bastante aguda, que mata un poco la fuerza del inicio, pero que retorna a el rudo riff, para dejar escuchar una canción instrumental que bien podría funcionar para la apertura de una presentación en vivo, por su fuerza, y porque tiene el sello de la banda, por su contenido variado y la inclusión de muy buenos cambios de intensidad, pues va desde los desgarrados riffs hasta la limpieza de una instrumentación de grupo de jazz. Cuando las progresiones se tornan mas pesadas, deja un muy buen sabor de boca.
“Deep air”, es mas bien un pasaje esperanzador y lleno de vivacidad y “buena vibra”. Desde la canción anterior, la voz de Rizzoti, no vuelve a ser escuchada. Apoyada en una escala pentatónica, y con guitarras acústicas aquí y allá, suena como un ensamble experimental con resultados muy interesantes, y sigue de la mano de “Final Rush”, para dar cierre al disco con fuerza interpretativa, en un alarde de técnica y buenas maneras musicales.
Con calidad tanto en la interpretación como en la mezcla final, para obtener un disco con un volumen bastante alto, y mucha claridad en cada instrumento, tenemos como resultado un disco que seguramente va a hacer ruido dentro de la escena italiana, y que aunque en la escena mundial no tiene todo el peso necesario, no deja de ser un buen producto, que puede pelear las palmas a cualquiera.
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Calificación: 80/100
Alejandro