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Black Sabbath - Heaven & Hell

Tracklist
Line Up

1. Neon Knights
2. Children of the Sea
3. Lady Evil
4. Heaven and Hell
5. Wishing Well
6. Die Young
7. Walk Away
8. Lonely is the Word

Tony Iommi: Guitarra
Ronnie James Dio: Vocales
Geezer Butler: Bajo
Bill Ward: Batería

Invitado
Geoff Nicholls: Keyboards

Reseña

Aunque la idea reconocida por la mayoría de personas e incluso por gran porcentaje de la crítica internacional en aceptar que el período de mayor relevancia de esta legendaria agrupación originaria de Birmingham, Inglaterra, se limita a la primera década de su trayectoria de 35 años, debido claro está a la ingerencia de una figura como John “Ozzy” Osbourne y también debido a la inestabilidad de músicos que formaron la banda en los años posteriores, es sin embargo, un criterio eminentemente restrictivo y excluyente.

Esto hace que cuando se hable de este dinosaurio usualmente se tome en cuenta tan solo los 8 primeros álbums que se grabaron y que excelentes producciones como este Heaven and Hell (1980) o el Born Again (1983) o Dehumanizer (1992) no se tomen en cuenta en la mayoría de compilaciones o en conciertos de la banda en la actualidad, por su puesto que para satisfacer una demanda comercial (o para facilitarle el empleo a “Ozzy”?), o peor aún hablar de la música de Sabbath basándose en una posición parcial que se sostiene en una preferencia absurda que no reconoce el crédito que se le debe dar a otros músicos que tuvieron participación.

El trabajo que en Black Sabbath hicieron vocalistas como Dio (Elf, Ritchie Blackmore’s Rainbow) o Tony Martin, resalta facetas diferentes que surgieron de la agrupación en esta segunda etapa que vive la banda y es que el contraste se da porque “Ozzy” realmente nunca ha tenido una presencia vocal tan sólida y contundente como la de estos señores pues con el tiempo se convirtió por un lado en un “frontman” sensacionalista, lo cual no es más que el resultado de una personalidad extrovertida, y por otro, en un vocalista que simplemente ya no da la talla después de sus problemas de salud y su incapacidad vocal es hoy más clara que nunca y hasta me atrevo a manifestar lo que considero no es en absoluto un secreto, que el supuesto “padre” del Heavy Metal es solo un instrumento de mercadotecnia que ha sido prostituido por su mujer, Sharon Osbourne, incluso lo ha llevado hasta el punto de irrespetar la misma figura histórica de un Randy Rhoads, apropósito de la campaña legal que Bob Daisley ha llevado acabo contra los O$bourne$.

Pero bien, apartando las polémicas al respecto y retomando la idea del párrafo anterior, tanto la labor que tuvo su primer vocalista como la que aportaron otros que lo sustituyeron es menester para revalorar de manera global y adecuada la gran obra forjada por estos pioneros del género Metal puesto que ambas etapas revelan un enfoque diferente, no solo en el aspecto vocal sino que la música se encuentra en un esquema contextual distinto dentro del aparato evolutivo en el que la banda estuvo constantemente experimentando desde el Black Sabbath (1970) y en especial se desprende más desde el Paranoid del mismo año hasta desembocar en esta obra que es prácticamente la apertura a un discurso ya establecido como esquema musical, como la matriz surgida del proceso involuntario en donde la quintaesencia del sonido Sabático es formalizada conceptualmente, adquirida solo después del eclecticismo de la primera década que, dicho sea de paso, ha suscitado las interpretaciones más diversas, desde enfoques orientales y folklóricos, pasando por lecturas para cuarteto de cuerdas hasta la tendencia metálica del Doom, etc; definitivamente las creaciones de estos señores dan mucho de que hablar desde el punto de vista de la musicología.

La llegada de Dio resulta oportuna pues la textura de su voz, a veces solemne, a veces dócil y tersa, se acopla perfectamente a composiciones rebosantes del espíritu Hard Rock/Heavy Metal de la escuela británica. Su refinamiento en los tonos medios y la abrasadora definición melódica que posee, así como su estilo fluido y matizado que discurre en las piezas da una mayor prodigiosidad y vivacidad a la música, no quiero imaginar que hubiera sido de este álbum con la tendencia decadente y lastimera de la voz de Osbourne; la sección rítmica de Butler y Ward otorga a su vez una solvencia y compenetración envidiable manteniendo el pulso preciso, dilatando las formas y abriendo las posibilidades para las partes solistas de Iommi.

El contraste que da esta obra con respecto a los anteriores esfuerzos va ligado a una reducción de las posibilidades de libertad compositiva, es un concepto menos indirecto y abstracto, por lo que las cadencias lentas y arrastradas así como las fluctuaciones indeterminadas de las sonoridades que la banda implementaba son eliminadas y el resultado es un enfoque con un marco de acción delimitado; esto en lugar de ser negativo es precisamente lo que posibilita el avance a un género con una personalidad distintiva y reconocible, es el impulso generador a algo nuevo que se ha denominado como Heavy Metal.

Calificación: 94/100

Salvador