Shrapnel Records se ha dado conocer como uno de los principales hogares para decenas de virtuosos guitarristas, tanto en el blues como en el rock y el metal. Por esta disquera han pasado músicos de la talla de Tony MacAlpine, Vinnie Moore, Greg Howe, Michael Schencker, Ritchie Kotzen, etc. A finales de los ochentas, dos jóvenes y virtuosos guitarristas formaron la banda Cacophony, cuya discografía consiste únicamente de dos producciones, pero su influencia en el mundo de la guitarra es invaluable.
Antes del fantástico “Perpetual Burn” de Becker, el “Dragon´s Kiss” de Friedman y antes de su carrera con Megadeth estuvo “Speed Metal Symphony” (1987), primer disco de Cacophony. Han pasado casi 20 años y todavía no ha existido en el mundo un dúo de guitarras más impresionante que Marty Friedman y Jason Becker. El resto de la banda se componía por Atma Anur en la batería y Peter Marino en las vocales, mientras que Friedman se encargaba también de los bajos.
Pese a su juventud (Becker tenía apenas 17 años), el talento de Friedman y Becker ya era algo espectacular en aquel entonces. Cacophony es una combinación de trash con speed metal, donde la sección rítmica sirve solamente como base para que las guitarras presenten una tras otra melodía a gran velocidad, mostrando un completo dominio de técnicas como el sweep y el speed picking, así como un sentido de la armonización que no tiene rival. La voz de Merrino es como una combinación de Rob Halford con Blackie Lawless, sin llegar a los tonos altos del primero y sin la potencia del segundo, convirtiéndolo en un vocalista apenas sobre el promedio.
El disco da inicio con “Savage”, un tema que empieza trash pero rápidamente pasa a unas hermosas armonías neoclásicas y un pegajoso riff principal. Al igual que el resto del disco, los solos son armonizados con una técnica exquisita. “Where My Fortune Lies” es pura velocidad desde el comienzo; en este tema Marrino queda debiendo, ya que su interpretación vocal no es la mejor. “The Ninja” inicia con una bella introducción neoclásica para convertirse luego en un tema pesado pero no tan acelerado como los anteriores, excepto la parte instrumental donde la velocidad vuelve a subir.
“Concerto” es una instrumental neoclásica impresionante. No comprendo por qué esta manera de armonizar los solos no se ha convertido en algo estándar del metal, el conocimiento de las escalas y armonización que despliega este dúo de guitarristas genera un sonido muy agradable y complejo. “Burn The Ground” es la más pesada del disco, un poco floja porque no es tan imaginativa como el resto del material, mientras que con “Desert Island” experimentan con melodías del heavy, en un tema bastante pegajoso y accesible. “Speed Metal Symphony” es la instrumental de cierre, nueve minutos y medio de solos y riffs a alta velocidad, interesante más que todo para guitarristas, porque es más una demostración de talento que otra cosa.
Este disco fue uno de los precusores del estilo neoclásico y el virtuosismo en el metal. La principal crítica es el uso excesivo de la velocidad, ya que utilizan básicamente dos estilos ... rápido y rapidísimo. Me hubiera encantado escuchar qué clase de material hubieran producido estos dos con el paso del tiempo, sin embargo la terrible enfermedad de Becker truncó su prometedora carrera, y Friedman se ha perdido musicalmente entre experimentos infructuosos. Una lástima, pero bueno ... mientras tanto queda este testimonio a su talento; obligatorio para cualquier aspirante a guitarrista de metal.
Calificación: 85/100
Esteban R