Cuando, en 1989, el sencillo “Epic” hizo su aparición en las radios, causó un revuelo y un furor sin precedentes. Su estilo, su estructura, su peso, pero sobre todo esa manera de mezclar el rap con el metal hicieron que fuera amado u odiado, pero para nada pasó inadvertido. Gracias a “Epic”, Faith No More logró hacerse notar en el mundo musical, luego de unos cuántos años de trabajo.
El álbum de donde proviene “Epic”, llamado “The Real Thing”, fue, de inmediato, una de las sensaciones del momento. Una vez en el mercado, causó todo tipo de reacciones. Muchos se sentían defraudados porque el disco no seguía el patrón mostrado en “Epic”; mientras que otros alababan esa desfachatez de la banda en hacer algo que no pudiera encasillarse.
Si, así es, Faith No More es un grupo que no tiene un género establecido, es imposible enclaustrarlo en alguno. El trabajo de estos cinco músicos – Mike Patton en la voz, Jim Martin en la guitarra, Bill Gould en el bajo, Roddy Bottum en el teclado y Mike Bordin en la batería – simplemente traspasó las barreras entre géneros. Y eso hizo de “The Real Thing” un disco difícil de digerir en su momento, pero que con el tiempo se ha ido posicionando en un sitio de honor en los anales de la historia.
Una de las constantes de “The Real Thing” es el trabajo que hace el bajista Bill Gould. Él no se limita a acompañar las canciones, sino que rellena de manera constante, y a la vez consistente, cada una de ellas. De hecho, muchos de los temas están estructurados en el trabajo que Gould hace, ya que en algunos de ellos el bajo tiene más presencia que la guitarra. Además, la labor de Roddy Bottum tampoco se queda atrás. Ya sea como fondo, como acompañamiento o como alguno que otro ruido que se necesita por ahí, el teclado tiene una gran exposición. No hay pieza donde, ya sea el teclado o el bajo, no jueguen un factor fundamental en su estructura.
La voz de Mike Patton es una de las más extrañas que he escuchado, ya que él tiene la cualidad de poder trabajarla como mejor le parezca. A veces melódico, a veces áspero, a veces chistoso rayando a payaso, Patton brinda un sello bastante distintivo al sonido de Faith No More. La guitarra de Jim Martin está bastante afilada, con unos excelentes riffs, aunque se ve un tanto opacada por la labor antes mencionada de Bottum y Gould. El batería Mike Bordin derrocha, por su parte, energía y tecnicidad, acompañando, pero agregando la fuerza necesaria para cada uno de los temas.
Así, con esta fórmula, encontramos piezas como la que abre el disco, “From Out Of Nowhere”, una canción en un dirección rock metal más tradicional, bastante digerible y accesible, con una fuerte presencia del teclado, pero con la guitarra y especialmente el bajo dando su buena dosis de peso. La anteriormente mencionada “Epic” es, si se quiere, un clásico. El bajo hace un gran trabajo, mientras que la rapeada voz de Patton da a esta pieza un sello muy personal. La guitarra, por su lado, nos trae un riff con un sonido muy metálico, y el final es realmente épico. El tercer tema, “Falling to Pieces”, baja un poco las revoluciones del disco, ya que va en una línea más tranquila. La guitarra en realidad no tiene tanto peso, mientras que el teclado brinda una atmósfera diferente. A esto debemos aunar la extraña voz de Patton. Untema realmente agradable.
Las cosas se vuelven a poner rudas con “Surprise, You’re Dead”, un tema no muy rápido, pero con un excelente riff, a la vez que Patton nos da otra muy buena labor. Aquí el teclado no adorna tanto y Gould acompaña más el trabajo de Martin. La siguiente, “Zombie Eaters”, es de las mejores creaciones de Faith No More. Con un inicio acústico y teclado, mientras que Mike Patton canta casi susurrando, “Zombie Eaters” va creciendo, apoyándose en uno de sus mejores riffs, al tiempo que el teclado le da un gran fondo.
El tema título, a su vez, nos trae un inicio con percusión y bajo, para pasar a un riff mortal, que, junto al apoyo del teclado, le brinda un maravilloso ambiente. Una vez más, Patton nos trae una de sus m ás extrañas actuaciones. “Underwater Love” es la fiestera, un tema muy alegre por decirlo de alguna forma, basándose más que todo en el bajo y teclado, y una voz en cierta manera chistosa. El álbum continúa con “The Morning After”, uno de los que tiene más peso, pero sin dejar de lado la melodía. La instrumental “Woodpecker From Mars” es otra de las joyas del disco. Tal vez la canción más rápida, en el que el teclado juega el papel principal, sin olvidar el acompañamiento de Gould ni el soporte de Martin.
Viene después su versión del clásico de Black Sabbath, “War Pigs”. Una versión fiel, interpretada a cabalidad y con calidad por parte del grupo, dándole ese sonido moderno y propio de ellos.Para finalizar, “Edge of the World” es uno de los temas más extraños. Una canción con un ambiente más propio de cabaret, dándonos un sonido algo blues… o al menos algo muy diferente.
Aquí no hay velocidad, ya que las canciones van más que todo de medios tiempos. Sin embargo, es un disco agradable, con una banda que encontró en realidad un sonido muy propio, y a la que no le dio miedo experimentar para lograr ese sonido. Eso demuestra porqué, 17 años después, “The Real Thing” sigue agradando a tantos fans alrededor del mundo.
Calificación: 97/100
Randall