En 1991, el movimiento metálico mundial sufrió uno de los shocks más grandes que haya registrado la escena en toda su existencia: Rob Halford, una de las voces más emblemáticas del movimiento, precursor de todo un género e influencia para miles de fanáticos alrededor del mundo, estaba fuera de Judas Priest. Tal parece, las desavenencias entre Halford y el resto de Priest se venían dando a raíz de la atención que el vocalista estaba prestando a un nuevo proyecto en el cual estaba trabajando.
Este proyecto lleva por nombre Fight y, una vez que Halford quedó fuera de Priest, dejó de convertirse en proyecto para establecerse como su prioridad. Con el tiempo, luego de asegurarse una alineación estable –lógicamente Halford en los vocales, con Brian Tilse y Russ Parrish en las guitarras, Jay Jay en el bajo y Scott Travis en la batería- Fight se dio a la tarea de preparar lo que sería su disco debut.
Es de esta manera que, en 1993, ve la luz “War Of Words”, el disco debut de un viejo lobo de la escena. Las composiciones son en su totalidad de Halford, y he ahí uno de los grandes méritos de esta producción. A pesar de ser escrito por una persona ya en sus cuarenta y tantos años, “War Of Words” tiene un sonido fresco, actual, enérgico y fuerte, tal como si fuera el trabajo de un grupo de veinteañeros. Definitivamente Rob Halford supo actualizarse, y brindar un trabajo de altura.
Las guitarras de Tilse y Parrish son cortantes, los riffs contundentes, machacantes y vibrantes. Como ejemplo, podemos mencionar el tema título, “Contortion” o “Into The Pit”. La voz de Halford se mantiene potente y agresiva, en cortes como “Into The Pit” o “War Of Words”, donde muestra su técnica y habilidad. Su calidad queda de manifiesto también en canciones como “Nailed To The Gun”, “Immortal Sin” o “Laid To Rest”, donde, sin dar un gran despliegue de notas altas, ofrece cátedra. El resto de la banda se mantiene acorde a las circunstancias, acoplándose perfectamente al trabajo de sus compañeros.
Las piezas, en su mayoría, van en un medio tiempo, el cual se caracteriza por el categórico trabajo de las guitarras. No hay temas muy rápidos, de hecho podríamos decir que solamente “Into The Pit” o “Vicious” son veloces. Sin embargo, esa falta de velocidad se compensa con la energía y la potencia manifestada en casi cada uno de los cortes de este disco. Solamente podríamos mencionar el tema “Little Crazy” como el más flojo del disco, debido a que es el que posee un sonido más comercial. Incluso, la balada “For All Eternity” tiene mucha más fuerza e intensidad que esta última canción, a la vez que entrega mucha emotividad.
“War Of Words” no será un gran dechado de virtudes, ya que, ha pesar de lo mencionado, hay momentos en la vocalización de Halford que incomodan un poco, y, en cierta manera, el que los tracks manejen un medio tiempo lo hace caer en una especie de bache. No es, tampoco, un disco en el que la banda haya trabajado para mostrar al mundo lo virtuosos que pueden ser. No. Simplemente es la creación de alguien que quiso seguir su forma de ver las cosas, y que se alió a gente que compartía esa visión. Su propósito era hacer un trabajo franco, directo, con temas atronadores en su estructura y que te hicieran mover la cabeza cada vez que lo escuchas. Y a fe que lo logró.
Calificación: 78/100
Randall