Después de dejar plantado a Judas Priest en 1992 y de varios años en una búsqueda musical y personal que le llevó por los proyectos Fight y Two, el único e incomparable Metal God retornó hace cinco años a la comunidad metálica mundial con uno de los mejores discos de Metal del nuevo milenio. Y que forma de resucitar, si es que realmente alguna vez murió; y es que Halford vuelve a hacer lo que mejor sabe, y canta aquí mejor que nunca demostrando que no ha perdido absolutamente nada, esta en plenas condiciones; es más, como muchos ya han apuntado, este tipo es como el vino pues entre más viejo mejor.
Pues sí, cada aspecto de este álbum esta perfectamente esculpido, labrado con las mejores herramientas, fundido y amalgamado con precisión; cada uno de los temas interpretado con tenacidad. La voz de Halford se levanta y emerge con una fuerza incontenible, se siente el advenimiento de su catarsis y lo que significó este paso en su carrera y la forma como renace de las cenizas; en otras palabras estamos delante de un momento afirmante en la vida de esta figura histórica que junto a Judas Priest creó y definió el sonido metálico por excelencia.
Indudablemente es un disco muy personal que él aborda en el aspecto temático, y es muy interesante dado que no es algo usual en él. Esta obra es acerca de tener confianza, creer en lo que haces y en lo que eres y aceptar el camino que has decidido llevar aunque equivoques el rumbo y pierdas toda fe y esperanza, es un retorno a lo genuino y verdadero de la personalidad, al individuo y su voluntad creadora. Después de esto, como atreverse a afirmar que no es el METAL GOD.
Atronadora producción, y es que no cabe otra palabra pues la potencia es inconmensurable, el productor Roy Z, que ha trabajado con Bruce Dickinson (Accident of Birth, The Chemical Wedding), hizo un trabajo fenomenal con esta música; desde el peso y presencia balanceada de la batería, hasta la nitidez de los afilados solos y el bajo profundo y constante, aquí no hay desfases ni debilidades.
¿Qué se puede decir de los músicos que acompañan este gran retorno?, bueno lo único que se puede deducir es que Mr. Halford sabe muy bien con quien involucrarse porque su selección denota que buscaba gente capas de transmitir la esencia del Metal clásico y a la vez que le aportara elementos más contemporáneos, y no cabe la menor duda que dicha búsqueda fue exitosa. Por un lado tenemos a las hachas Chlasciak (Painmuseum) y Lachman (Diesel Machine) que descargan destructores riff y rapidísimos solos, Riendeau (Two) con poderosas líneas de bajo y ni que hablar de los complicados ritmos y secuencias del ex-Riot Bobby Jarzombek (Iced Earth/Painmuseum).
Finalmente, he de reconocer que las composiciones suenan a Judas Priest en no pocas ocasiones; sin embargo, tienen una fuerza inusitada más en la línea del True Metal moderno y lo más satisfactorio es que la música nos trae esos ecos del pasado, de los verdaderos fundamentos del NWBHM, del sonido primigenio, innato, una pureza de estilo, sin ningún tipo de aditamento, no adulterado, el Heavy Metal en su forma natural forjado entre el martillo y el yunque.
Sin mucho más que agregar, este tipo de obras son una prueba de cómo debe ser tocada esta música, nos hacen recordar como empezó todo este movimiento y por que es muy importante este retorno a las raíces más profundas para comprender y apreciar cabalmente lo que es actualmente la música moderna.
Calificación: 100/100
Salvador |