En el año 2002 da luz la sexta producción de los suecos In Flames, titulada “Reroute to remain”, con la que se consolida el cambio que deseaba la banda en su sonido y alcanzar nuevos horizontes, para así abarcar un público mucho más extenso, y no centrarse en una sola especie de fans del Melodic Death. Para los retrógrados seguidores que consideran a la banda como traidores y vendidos, éste es un álbum aberrante y desagradable, debido a que el pensamiento mediocre de que una banda debe sonar igual en todos sus discos invade sus oídos, por lo que cuando un grupo decide intentar algo nuevo en su sonido, lo rechazan inmediatamente, debido a la falta de amplitud mental musical. Toda banda que ha estado activa en la escena metal mundial por al menos diez años, está condenada a realizar por lo menos un disco que no sea del agrado de una gran parte de sus fans, debido a la experimentación con sonidos ajenos a sus raíces, ya sea para bien o para mal. In Flames es un claro ejemplo de esto, y a pesar de todo es una de las mejores bandas de la actualidad.
Después de un álbum de transición como lo fue “Clayman” en que la banda añadió sonidos muy diferentes a lo que venía haciendo en sus discos anteriores, era difícil saber qué esperar en su próxima producción. “Reroute to remain” muestra nuevos estilos de composición, y más inclusión de teclados electrónicos en las canciones, éste elemento estuvo presente en producciones anteriores, pero en éste disco hay más presencia, da al sonido un escape atmosférico, más que como un componente clave de las canciones, es muy eficaz y se utiliza más que todo en las intro de algunas piezas, por ejemplo como en la potente “Reroute to remain” que abre el disco, o en una de las mejores composiciones de la banda que es “Cloud connected” y en “Free fall”, en éstas se utiliza con medida el sonido electrónico. “Dawn of a new day” y “Metaphor” son canciones en casi su totalidad acústicas y acompañadas de las voces claras, algo que no era tan explicito en la banda. “Trigger”, “Drifter” y “Dark signs” no pierden la esencia del sonido de Gothenburg, las típicas melodías claras, potentes, buenos coros, elementos que hacen a In Flames una de las bandas más importantes de la escena sueca.
Anders Fridén cambia su estilo de gritar las voces raspadas, más blanda, e incluye mucho voces limpias, los buenos momentos en las voces, es cuando Fridén emplea este tipo de voz. Un punto negativo es que están un poco saturadas de distorsión y con un uso muy pesado del sintetizador. Jesper Strömblad y Björn Gelotte hacen un buen trabajo con una distorsión menos pesada, y muchas de las partes de guitarra son muy rítmicas al mismo tiempo, aquí cambia un poco la fórmula de las guitarras en intercambiar las melodías con los acordes rítmicos, pero aun así suena muy melódico y el estilo clásico de armonías de la banda sigue presente. Svensson en la batería a mejorado con cada álbum, aunque siempre con composiciones totalmente predecibles, lineales y repetitivas. El doble bombo casi no se escucha, esto debilita la base rítmica junto con el bajo de Iwers que tampoco es notable y nunca lo ha sido. Así que redirijámonos a permanecer y disfrutemos de catorce canciones de completa locura conciente.
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Calificación: 85/100
Gabriel