Cuando un grupo lleva mucho tiempo en la escena musical, es más que normal (yo diría necesario) que experimenten y que su sonido se renueve. Brave New World podría considerarse como el fin de esa etapa de probaturas y búsqueda de un nuevo sonido. Resulta que aunque a muchos les pareciera abominable separarse de su sonido original, al final este álbum ha conseguido un equilibrio más que notable entre lo nuevo y lo viejo.
Indiscutiblemente hay dos cosas que matizan en la primera, como en todo buen disco de Iron Maiden: las guitarras y la voz. El regreso del señor Dickinson se ha notado sobremanera, y parece que las canciones se hayan escrito a propósito para destrozar las cuerdas vocales de cualquiera que no sea él; intenta llegar a las notas altas de The Fallen Ángelo incluso deThe Thin Line Between Love And Hate, luego me cuentas y después vas al otorrinolaringólogo. Es deleitante escuchar la voz de Dickinson en plena forma otra vez y en estribillos con el clásico estilo de Maiden: definida, melódica y potente.
Las guitarras del disco no son menos. Con líneas melódicas compartidas entre dos o incluso tres guitarras simultáneamente, es difícil no sentirse impresionado. Por supuesto, si estas acostumbrado a esos solos en los que es perfectamente posible seguir el "argumento" y que no parecen una fanfarronada del intérprete, también los encuentras en este disco. Por favor, no piensen que los solos no son sobrecogedores, por que lo son, es únicamente que están perfectamente integrados y más que aburrir, te dejan con ganas de más. El aspecto más rítmico también está cuidado, hay más de un momento de esos que te dan ganas de sacudir la cabeza hasta mas no poder y que si estuvieras en directo se te caería la cerveza.
Harris. Bajo. Dios. Maiden. Viene a ser todo lo mismo, y este disco lo pone de manifiesto. El bajo es tan poderoso que a veces me encuentro tarareando alguna canción (Brave New World y Dream of Mirrors son dos buenos ejemplos) y me doy cuenta de que lo que tarareo es la línea del bajo y bombo de la batería. Es como si se te quedara sobreimpreso desde detrás de las guitarras y la melodía vocal. Por supuesto, cuando no está con las manos en el bajo, Steve Harris está tocando los teclados, que esta vez no sobreactúan y le dan a las melodías ese cuerpo que a veces les falta. Y se emplea a fondo en Nomad y BloodBrothers.
Sería difícil sacar adelante unos temas tan ambiciosos sin la ayuda de una percusión como Dios manda, y aquí es donde Nicko McBrain hace presencia. Un bombo rapidísimo y unos platos inspirados son las señas de identidad habituales de este monstruo, pero esta vez vienen bien acompañadas de un sentido de la oportunidad que muchos echamos de menos hoy en día y que sólo dan los años y el buen gusto. Los temas más cheveres del disco (o mejor dicho, los momentos con más intensidad de todos los temas) hacen uso de esa potencia para subir la adrenalina y facilitar el tránsito a las guitarras y al oyente. Un trabajo excelente.
Las letras son enigmáticas pero discernibles, la producción impecable y el aire del disco progresivo sin llegar a ser aburrida. Hay temas con un aire egipcio, poemas de Samuel Coleridge y referencias a "Un Mundo Feliz" de Aldous Huxley; letras reflexivas, místicas y líneas vocales en consonancia. Guitarras electrizantes y bajos poderosos, percusiones exelentes y teclados magníficos. En resumen una buena producción de la Dama de Hierro.
Calificación: 90/100
Guillermno H