Antes de analizar un disco considerado de forma unánime en el ambiente musical como un clásico, es necesario poner en contexto los factores que nos llevan a esa conclusión. En el caso de “Live After Death”, debemos devolvernos a mediados de los ochentas, a esa época donde el rock era el rey de la música e incluso el heavy metal contaba con altos niveles de popularidad entre las masas.
Corría el año 1984 cuando Iron Maiden empieza a preparar la gira que se encargaría de cimentar su posición como una de las bandas de heavy metal más importantes de la historia. En este momento nos encontramos con un Maiden estable a nivel de alineación y en el punto más alto de su madurez compositiva detrás del emblemático Steve Harris. Esa madurez musical se ve reflejada en “Powerslave”, disco que engloba la dirección musical que tuvo Iron Maiden desde sus inicios y el último antes de que empezaran a experimentar, con mayor o menor éxito, con estilos un tanto diferentes. El “World Slavery Tour” para promocionar precisamente “Powerslave”, arranca oficialmente el 9 de agosto de 1984 en Varsovia, Polonia y termina después de 322 días y 24 países visitados, el 5 de julio de 1985 en Laguna Hills, California.
La música que compone el “Live After Death” fue grabada entre el 14 y el 17 de marzo de 1985 en 4 conciertos a estadio lleno en el Long Beach Arena de Los Angeles (también el video). A estas alturas de la vida creo que no es necesario explicarle a nadie la música de Iron Maiden, entonces más bien me voy a concentrar en esas pequeñas cosas que hacen del “Live After Death” una agradable experiencia que va más allá de ser un conjunto de buenas canciones ejecutadas en directo.
No más iniciando el disco, Maiden entona el ambiente con un fragmento de unos de los discursos más famosos en la historia de la humanidad. Fue un 4 de junio de 1940 cuando Winston Churchill pronuncia estas palabras que quedarían grabadas en la memoria de muchos como uno de los momentos más determinantes de la Segunda Guerra Mundial: “We shall go on to the end, we shall fight in France, / we shall fight on the seas and oceans, / we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, / we shall defend our Island, whatever the cost may be, / we shall fight on the beaches, / we shall fight on the landing grounds, / we shall fight in the fields and in the streets, / we shall fight in the hills; / we shall never surrender!”... e inmediatamente arranca nada más y nada menos que la épica “Aces High”, canción que nos pone al comando de un bombardero británico en los años 40s defendiendo Inglaterra de las fuerzas invasoras. ¡Qué manera de empezar un concierto! Siempre que escucho esa intro y el riff de apertura se me pone la piel de gallina.
Avanza el concierto con “2 Minutes To Midnight” y “The Trooper”. Ya para estas alturas Bruce Dickinson tiene al público en el bolsillo gracias a su excelente voz y a un sentido teatral que le permite envolver por completo a los presentes en el espectáculo. Uno de los momentos más poderosos del disco es el tema “Revelations”, cuya emocional interpretación lleva a Dickinson a preguntar “Los Angeles can you feel it?” y al público a responder entusiasmado.
La ya legendaria frase “Scream for me Long Beach!!!” antecede al clásico “Flight Of Icarus”, interpretado a la perfección por Dickinson al igual que “Rime Of The Ancient Mariner”, donde se destaca la vibra misteriosa que generan los extractos leídos del poema de Coleridge. “Powerslave” cierra la etapa musical más reciente de Maiden hasta ese momento y de acá en adelante se embarcan en un viaje al pasado que inicia con “The Number Of The Beast” y “Hallowed Be Thy Name”. Para el cierre Maiden nos regala tres temas donde el público se involucra al máximo cantando como son “Iron Maiden”, “Run To The Hills” y “Running Free”, muy conocida por la manera como Dickinson divide al público y lo pone a cantar... y qué decir de la parte cuando expresa “... I wanna be able to go to the hearing doctor and go: Doctor, Long Beach fucked up my hearing for good, all right?”. Increíble.
Es necesario aclarar que la primera edición de este material fue en dos acetatos y finaliza con "Phantom Of The Opera", mientras que la primera en CD termina con "Running Free", dejando por fuera cinco temas: "Wrathchild", "22 Acacia Avenue", "Children of the Damned", "Die With Your Boots On" y el ya mencionado "Phantom of the Opera". Estos temas no entraron en el CD original por falta de espacio pero sí vienen en las versiones dobles más recientes.
Hablando de aspectos externos a la banda, la producción de Martin Birch es ejemplar; todos los instrumentos se escuchan perfectos, el volumen es completamente estable, y el sonido del público es envolvente. Otro punto alto es la portada de Derek Riggs, uno de sus mejores dibujos con un cementerio donde Eddie sale de una tumba cuya inscripción proviene de un cuento de terror de HP Lovecraft. Detalles como la sombra de la muerte en el cielo y la ciudad al fondo convierten este portada en una de las mejores de la historia de la música.
Buena selección de temas con pequeños detalles que los diferencian de sus versiones en estudio, banda en el pico de su popularidad, público completamente compenetrado, producción impecable, portada de antología... ¿qué más se puede pedir? ¡Videos! Este deseo fue satisfecho por las nuevas versiones del "Live After Death", las cuáles incluyen en el disco adicional aparte de los temas antes mencionados, unos cuántos videos que sirven para hacernos la boca agua mientras esperamos el lanzamiento oficial del "Live After Death" en DVD en el 2008. Simplemente perfecto.
Para más información: www.ironmaiden.com
Calificación: 100/100
Esteban R