Para que una obra musical tenga éxito deben conjugarse tres aspectos fundamentales. El primero y más obvio es el sonido, que es la esencia de la música. El segundo aspecto tiene que ver con el espectáculo, la parte teatral que conlleva presentar el material en vivo. El tercero y más frío tiene que ver con el negocio y todo lo que implica la distribución del material. Steve Harris entendió todo esto desde que formó Iron Maiden a mediados de los setentas, y por esa razón la banda surgió mientras la gran mayoría de sus contemporáneos fueron desapareciendo con el tiempo.
“The Number Of The Beast” es un verdadero clásico del heavy metal. Y más que un clásico es un disco que califica como fenómeno social, al punto que podemos hablar de un antes y un después de “The Number Of The Beast”. Varios factores se confabularon para que este gran disco tuviera una importancia enorme en el surgimiento del metal en los ochentas, y su influencia sigue presente incluso casi 25 años después de su lanzamiento.
Un disco como “The Number Of The Beast” necesitaba una banda atrevida y una presencia fuerte e irreverente sobre el escenario. Esta presencia se materializó cuando en septiembre de 1981 Maiden recluta a Bruce Dickinson para ser el reemplazo del conflictivo Paul Di´Anno. Con Dickinson al frente, Maiden se aseguró no solamente una voz privilegiada sino también un tipo con gran sentido teatral; aspecto vital para una banda cuyo éxito se ha fundamentado en sus presentaciones en vivo, y que sin apoyo de la radio ha vendido casi 60 millones de discos.
En 1982 Maiden estaba compuesto por Steve Harris en el bajo, Bruce Dickinson en las vocales, Dave Murray y Adrian Smith en las guitarras, y Clive Burr en la batería. “Invaders” abre el disco con bastante velocidad y una simpleza atractiva, para luego pasar al clásico “Children Of The Damned”, con esas estrofas suaves y un coro épico y pesado, perfecto para las notas altas que es capaz de alcanzar Bruce. “The Prisoner” es de las más rockeras, basada en el argumento de una vieja serie de televisión, mientras que “22 Acacia Avenue” continúa la saga de la prostituta Charlotte, personaje que había hecho su primera aparición en el primer disco de la banda.
El tema que da título al disco es uno de los mejores de la carrera de Maiden. Desde el tétrico inicio con un pasaje bíblico hasta el clásico “666 the number of the beast” en el coro, esta canción es una obra de arte. El bajo galopante de Harris suena con fuerza y participa en las armonías casi como una tercera guitarra, mientras que el dúo Smith - Murray demuestra toda su elegancia y habilidad en los solos. “Run To The Hills” es otro clásico, y fue el sencillo que dio a conocer a Dickinson como nuevo vocalista de la banda. Qué mejor manera de presentarse que con esas notas altísimas... “Run to the hills, run for your lives”, sobre todo al final de la canción.
“Gangland” es otro tema sencillo y rápido al estilo de “Invaders”. “Total Eclipse” no apareció en la versión original del disco porque no entraba en el acetato, pero en una de las tantas re-ediciones Harris decidió incluirlo, lo cuál fue un acierto ya que es una buena canción y calza con el ambiente del disco. Para cerrar aparece otro clásico, “Hallowed Be Thy Name”, con un riff super sencillo pero con un cambio de velocidad bárbaro sobre el final, en un cierre a puro heavy metal.
Ya con solo la música tenemos un disco fabuloso, pero “The Number Of The Beast” fue más allá. En aquel entonces ya el metal tenía una reputación como género oscuro y tétrico, pero fue este disco el que trajo a la palestra el satanismo en la música. Cualquiera con dos dedos de frente puede sentarse a leer las letras y se da cuenta que las acusaciones de adoración a Satanás son ridículas, pero los grupos conservadores norteamericanos nunca se han caracterizado por la ecuanimidad, y en este caso montaron toda una cruzada contra Iron Maiden y su supuesta influencia negativa en la juventud. Se dice que la publicidad negativa no existe, y en este caso el concepto se aplica perfectamente; al punto que estas acusaciones le abrieron a la banda las puertas al mercado norteamericano.
Todo esto no fue casualidad. Esa fabulosa portada de Derek Riggs donde Eddie maneja un títere del demonio estaba perfectamente diseñada para llamar la atención, así como las provocativas letras de temas como “The Number Of The Beast” y “Hallowed Be Thy Name”. Los escenarios de la gira incluyeron demonios bailando y la presencia de Eddie, mientras la banda mejoraba cada vez más en el apartado de presencia escénica.
Fue a partir de acá que el metal empezó a ser tildado en la cultura popular como diabólico. Para muchos esto es un aspecto negativo, pero la verdad es que más bien sirvió para que el metal marcara su territorio y formara un nicho que muchísimas bandas aprovecharían después. Esta irreverencia y tendencia a la controversia es lo uno de los mayores atractivos del metal, y gran parte de esta tendencia se debe a Maiden y “The Number Of The Beast”. Clásico.
Calificación: 100/100
Esteban R