¿Qué se puede decir de uno de los mejores guitarristas que poseé el heavy metal, sino son sólo halagos? Este es uno de sus mejores discos, solos impresionantes, himnos representativos de una época en que el heavy parecía estancado de por vida, armonía y virtuosismo por doquier... Realmente Satriani se tomó en serio el tema título y llevó su música al extremo. Además tuvo la muy buena idea de dejar el micrófono de lado y enfocarse sólo a la música instrumental.
Para mí un guitarrista no debe medirse por su velocidad en la interpretación, pues muchas veces se antepone el mero exhibicionismo a la armonía, con escalas para arriba y para abajo, siempre de la misma forma y estructura, lo que genera un estancamiento...al estilo de Yngwie.
Un guitarrista, o cualquier ejecutante en general, debe sentir lo que está tocando, muchas veces debe sacrificar velocidad por armonía o al menos lograr un correcto equilibrio. Eso es lo que hace Satriani en este disco. A pesar de ser instrumental, es variado, lleno de colores, texturas y armonías. Además se rodea de músicos de excepcional calidad como los hermanos Matt y Gregg Bissonette (aquéllos que fueron fijos durante mucho tiempo en la banda de David Lee Roth), en el bajo y la batería, respectivamente. Además de Paulino Da Costa en la percusión, entre otros. Es así como se encuentran en este disco verdaderos himnos como Friends, que es realmente perfecta.
Dos canciones suaves acá son de lujo, en Rubina’s Blue Skye Happiness, Satriani se luce esta vez con el banjo y la mandolina, realmente fabulosa y Cryin’ con una melodía tan deprimente que de verdad dan ganas de llorar. Mención especial también para The Extremist, en donde Satriani se vuelve a lucir con la armónica; War, realmente exquisita y Summer Song, sublime. Lástima que a estas dos últimas canciones, esos programas de deportes de automovilismo las hayan “agarrado de minga” para que sean accesibles al oído de cualquier “cholo” que esté viendo TV en ese momento, pero ni modo, esperemos que pronto les cobren los derechos de autor para que no las vuelvan a programar.
Tears In Heaven es una acústica de un minuto que sirve de presentación a otro temazo como Why, con una melodía muy pegajosa. Motorcycle Driver es más al estilo de Surfin’ With The Alien, a penas para andar en una Harley. Cierra la producción con New Blues, que como su nombre lo indica tiene un feelin’ muy bluesero, con una intro más suave y el resto de la canción más aceleradita.
De este disco yo sólo buenas cosas puedo hablar y se lo recomiendo a ojo cerrado a cualquier fan del heavy, eso sí con buen gusto. Además la producción de Andy Johns y Satriani, con la ayuda de John Cuniberti, es simplemente impecable; todos los instrumentos ejecutados (que son muchos) tienen presencia y son perceptibles para el escucha. Si lo que andás buscando son escalas para arriba y para abajo, sin ton ni son y sin norte alguno, este álbum no es para vos. Si sos de los otros, de los que valoran la buena música de verdad, corré a buscarlo.
Calificación: 100/100
Federico