A estas alturas para nadie es un secreto que el Power Metal está pasando por una época de vacas flacas; la falta de innovación y el exceso de clones ha convertido al género en el hazme reír del mundo del metal. En ese mar de mediocridad y poca imaginación existen unas cuantas bandas que están sobre el promedio y unas dos o tres que se ubican en la élite. Una de ellas es Kamelot.
Aunque sus inicios no hacían presagiar gran cosa, Kamelot enderezó el rumbo en 1999 con “The Fourth Legacy”, un disco que, pese a tener sus fallas, auguraba grandes cosas para el futuro. Alentados por el éxito de “The Fourth Legacy”, la banda sacó al mercado una seguidilla de discos excepcionales: “Karma” (2001), “Epica” (2003) y “The Black Halo” (2005), tres de las mejores producciones de Power Metal en la historia de la música. Por supuesto que después de tres discos legendarios, las expectativas para su nueva producción eran enormes. Tristemente, “Ghost Opera” (2007) se quedó bastante corto.
La clave del éxito de Kamelot ha sido la variedad; cuando aceleran van con todo y cuando tienen que hacer una balada les sale del alma. El principal problema con “Ghost Opera” es que dejaron de lado la velocidad y se enfocaron más de la cuenta en las partes orquestales. El resultado de este nuevo enfoque es que todos los temas suenan muy similares; los medianamente rápidos no tienen ni gancho ni fuerza, mientras que las baladas suenan forzadas. En resumen, “Ghost Opera” es un disco elegante pero falto de vida, falto de esos momentos intensos que le hubieran dado el balance necesario para llegar al nivel de sus producciones anteriores.
“Solitaire” rompe fuegos con la clásica y quemadísima intro instrumental que nos lleva a “Rule The World”, tema que simboliza el sonido que busca Kamelot acá. Los violines están al frente en la mezcla acompañando a Khan mientras la banda mantiene un ritmo Power Metal bastante estándar. La canción no es gran cosa pero se levanta en el coro... “Sometimes I tremble / Like a little child / That faces morning / With a broken smile / Sometimes I crumble / When the shades unfurl / Sometimes I feel that / I could rule the world”. “Ghost Opera” sigue el mismo esquema de la canción anterior pero obtiene un poco más de dramatismo gracias al desempeño de Khan en las vocales, sin duda el punto más alto del disco (y por mucho).
En este momento de la reseña me debato entre seguir con la descripción tema a tema o no, y mejor decido no hacerlo. ¿Por qué? Porque de acá en adelante lo presentado en los dos primeros se va a repetir una y otra y otra vez. Básicamente el resto son medios tiempos de un Power genérico con muchos violines y uno que otro piano. Algunas voces femeninas hacen aparición pero no aportan gran cosa, más bien parece un elemento forzado. Son destacables las poéticas letras y la privilegiada voz de Roy Khan, pero nada más.
Siendo un gran aficionado a Kamelot, cuando recibí este disco fui con una sonrisa de oreja a oreja a escucharlo. Una vez que terminó, esa sonrisa se había transformado en una mueca de preocupación. “Tal vez me tomará un tiempo digerirlo” pensé, pero la realidad es que han pasado varios meses en los que el disco sigue sin convencerme y se me hace bastante aburrido. Si te gusta mucho la cara sinfónica de Kamelot es posible que “Ghost Opera” te agrade más que a mí, pero en lo particular me parece que hacen falta los temas rápidos y directos para balancear tanto violín. Decepcionante.
Para más información: www.kamelot.com
Calificación: 60/100
Esteban R