¿Que pasó con Metallica? ¿En que momento perdió el rumbo de la música?, esa son las preguntas que la mayoría de sus fans se hicieron luego de escuchar St. Anger. Cada vez más en el olvido van quedando los años en que cada trabajo de la banda marcaba el tiempo a seguir por el resto de las bandas que apreciaban el Metal.
Pero el anuncio de la salida St. Anger abrió una luz de esperanza, ya que la misma banda anuncio un disco oscuro, duro, potente, recordando sus inicios. Jason Newsted acababa de dejar la banda, por lo que existían ciertos aires de renovación dentro del grupo. Con ese ánimo se enclaustraron en el estudio, pero lo que salió de ahí no fue lo esperado, pero para nada.
Mas que un renacer musical fue más bien un Lifting, un invento raro que trata de alcanzar sonidos duros y violentos pero sin la más mínima calidad de producción o de un cuidado lírico ni musical. Si este fuera el disco estreno de alguna banda naciente la cosa seria diferentes, ya que St. Anger tiene momentos interesantes. Pero estamos hablando de Metallica, un icono que no puede darse el lujo de sacar un disco tan descuidado.
Es verdad que intentaron un cambio del sonido; las canciones son mucho más experimentales, largas y con cambio de sentido en varias ocasiones. Pero la música en si parece grabada en un garaje, y no por su fuerza, sino por el mal sonido en especial de la batería (que más parece una cacerola en ciertos momentos).
Cada tema trata de ganar en compromiso y sudor, pero sólo van dejando heridas en los oídos. El disco NO es una porquería, para nada, tiene ciertos temas rescatables, incluso son notable ciertos toques de metal progresivo que la banda intenta agregar a su sonido. Pero el resultado final no está ni cerca del currículo de Metallica.
“Frantic”, “Purify” o el tema que da nombre al disco son canciones llenas de ira, dolor, rabia acumulado por años de basureo por parte de ciertos críticos y fans, que no soportan ver al gran grupo de metal en MTV. Toda esa ira va aparar a los 11 tracks del disco, pero mal canalizada.
Metallica trata de recuperar el pasado y mirar al mañana, pero no logra ninguna de las dos, más bien pierde el camino y se disfraza de una banda amateur a la que le cuesta encontrara la inspiración y la que desecha los grandes solos de guitarra para perderse en rasgueos eternos que terminar por aburrir.
Si es rescatable que con St. Anger se acabo Metallica como maquina de singles y videos sosos para MTV; ese Metallica que era escuchado hasta por tu hermana chica, que le gustaba a cualquier incauto sin idea de lo que es la rudeza del metal. De todos ellos se despide Metallica con estas largas canciones, golpes duros y sin mucha coordinación.
St Anger no le gustó ni a los antiguos ni a los nuevos fans, pero tal vez eso es lo necesario para tener un nuevo punto de partida. Metallica está en una larga siesta, de la que este sucio y fragmentado disco podría ser el despertar.
La música es inmortal, y mientras un 90% del grupo siga junto la esperanza está presente. Los de los Ángeles tienen la fuerza, la habilidad, la capacidad y la furia interior para destrozarnos la cabeza en un álbum de metal como la gente. Porque por muchas caídas, muchas equivocaciones o discos que se los lleva el viento (y la basura) ellos siguen siendo Metallica, los que iniciaron el camino, los responsables que hoy escuchemos a muchas bandas de calidad y los que alentaron a más de alguno a vaciar el garaje para tocar lo más fuerte posible. A no olvidar eso.
Saludos
Calificación: 49/100
Marcelo