Este es el tercer álbum de esta banda plurinacional de Hard-Rock asentada en Florida, USA, y liderada por R. Santolla, un guitarrista estadounidense bastante activo en los últimos años dentro del circuito metálico, no solo con su banda, sino que también se ha visto involucrado con otras agrupaciones como Iced Earth, Sebastian Bach Band, Deicide, y como músico de sesión para Cryptic Vision y Warmachine, lo que ya es algo bastante impresionante por la diversidad de estilos que este señor es capaz de adaptar a su repertorio.
Siguiendo con la alineación, tenemos a un virtuoso vocalista noruego de sobra conocido por todos los amantes del Metal y del Rock melódico, J. Lande, que trabajó con los Snakes de Bernie Marsden, con Ronnie Le Tekro de TNT, con el hacha vikinga de Y. Malmsteen, entre otros; la sección rítmica se complementa con el segundo guitarrista, S. French, y por dos músicos austriacos muy bien dotados de recursos, M. Binder en el bajo, O. Hanson en la batería.
Desde la pieza de inicio saltan al oído las clásicas tesituras de la escuela Rainbow/Purplediana, acompañada de líneas vocales que, como ya se ha dicho claramente, recuerdan por su colorido a D. Coverdale en su etapa con Whitesnake, y es que Lande comienza con gran potencia vocal en la introducción inicial de “The Power to Love”, que posee una excelente modulación en lo que se refiere a los arreglos de piano; la textura sinfónica se acentúa enormemente en “Hourglass” gracias a esos teclados al mejor estilo de John Lord y que de hecho, aquí encontramos el mejor coro de todo el disco.
Este álbum produce la sensación de que se está frente a una especie de recorrido, o mejor aun, de un estudio de variaciones modernas sobre temas o motivos clásicos de la historia del Rock, aunque todas las composiciones son totalmente originales; de esta forma nos encontramos con estribillos bastante livianos muy a lo Kiss como en “Rocket Ride” o hasta el feeling bluesero de Stevie Ray Vaughn o Gary Moore muy presente en “I Will Follow”, y por si fuera poco, la experiencia sonora pasa en algunos momentos por piezas muy a lo Journey como en la hermosa balada “No More Miracles” o en “Superstar” y continua con el exquisito fraseo de Santolla que recuerda a Edward Van Halen o a las flexiones melódicas de John Norum, inmejorable técnica y disposición del animo.
Los teclados se desarrollan como el hilo conductor, el elemento de enlace armónico entre las secciones, lo que por supuesto incrementa notablemente el contrapunto y el lirismo global de toda la obra, por lo que las pretensiones del señor Santolla van claramente más allá de un simple Hard-Rock, y esto además facilita el ya evidente estilo fluido y elocuente de Lande. No es de extrañar por tanto que para alcanzar este gran logro orquestal se trabajara con gente como Don Airey, Dag Stokke y Howard Helm.
A grandes rasgos, lo más interesante que ofrece esta producción es el arriesgado trabajo de condensar una buena multitud de ideales estéticos de distintas escuelas para desarrollar un escenario musical muy rico en cuanto a la amplitud del lenguaje, sin dejarse caer en copias o imitaciones burdas, o en la típica enfermedad, tan de moda en nuestros días, y que padecen muchísimas bandas y en especial las de Metal: la dislexia. Por querer tocar tantas tendencias terminan con una aglutinación para nada articulada de ideas, totalmente desprovistas de coherencia, por eso es que Millenium demuestra una virtud bastante escasa actualmente con su aproximación propia y personal del enorme universo de posibilidades que ofrece el Rock.
Como dato final para el lector, Santolla esta en planes para conformar un proyecto de Metal Sinfónico bajo el título de “Ex-Cathedra” con gente de primerísimo nivel como Steve DiGiorgio, Gene Hoglan y Tom Englund; parece que la presente realidad nos augura un futuro excitante.
Calificación: 90/100
Salvador