La etapa más experimental de Moonspell comienza con el álbum SIN/Pecado y continua por un laberinto azaroso de posibilidades y oblicuidades que al parecer no tienen referente real o al menos teórico por cuanto es una especie de crisis perpetua que contiene una auto-conciencia tiránica que actúa en formas incongruentes, moviéndose en una constelación de caos antagónico que desprende toda posibilidad de acercamiento a su núcleo, en donde se sistematiza todo el organismo de sonoridades que envuelven en un halo de desconcierto el comportamiento inesperado que esta representación posee. La manera en que se le aparece a la mente como forma de conocimiento (reto epistemológico) acentúa una noción de desacato con todos los parámetros y medidas previamente asumidos y aceptados como validos.
El concepto de aislamiento resulta imprescindible en esta aproximación interpretativa, pues no cabe una exégesis de extroversión pues lo circundante es innecesario al contener ya implícito otra forma conceptual a saber: la abstracción. Se desprende de ahí el hecho de que la realidad sónica percibida no tiene un coincidente objetivo o físico, no hay nada en la teoría del sonido que tenga uncontenido real o natural, sino todo el mecanismo va en función de artificio, imitación, invención, juego de la imposibilidad de crear lo inexistente por razón empírica. Esto se presta como ideal humano de reconversión del ordenamiento dado al mundo y concebido por percepción, hacia una integración primitiva de los sonidos con una voluntad transgresora que transforma las limitaciones de la lógica, pero forja un criterio más razonable por las dicotomías orden / caos y precisión / ambigüedad.
En este orden (o desorden?) de acontecimientos viene la inversión, la rebelión contra la aristocracia jerarquizadora de la verdad (agradeciendo antes que nada por su materialización a A. Schonberg (1874-1951) y su dodecafonismo) y Moonspell honesta y valientemente opone resistencia. Contradiciendo con tonos aleatorios y autonomía en el movimiento logra el efecto de contraer sus partes con una intensidad oscura y agresiva, a la vez rompe las asociaciones de sus partículas utilizando sonidos continuos, como repeticiones hipnóticas sin aparente intencionalidad que alcanzan con pertinente uso de samplers y matices electrónicos que infunden unas atmósferas de tensión asfixiante en donde la densidad del volumen es transmutable, a veces tumultuosa, en otros instantes serena y pasiva, y converge en una marejada de impresiones surrealistas que en parte mueven a pensar en una dilución total de las trasfiguraciones (muy ostensible en las masivas, torrenciales y desproporcionadas distorsiones de las variables), pues el valor no es un objeto en situación sino una modulación en sí misma, intemporal, inaccesible, inaprensible, sin un inicio ni final, pues es constante uniformidad del momento en eterno movimiento.
Es un hecho que a Moonspell se le ama o se le odia, de ahí lo radical de su propuesta. Conviene sin embargo asumir una actitud reflexiva en torno a su abstruso mensaje: ¿existe algún criterio sistemático y racional que delimite la conformación estética o anti-estética de una obra?; ¿podemos realmente comprender a cabalidad el método objetivo o la naturaleza subjetiva de la génesis de una composición artística?; ¿pueden los sonidos sin referente o contexto ser considerados música?; ¿podemos definir el concepto de Gótico como idea universal, o deberíamos hacerle caso a la posición nominalista?... Definitivamente Moonspell da mucho que pensar...
Calificación: 90/100
Salvador