Nada como el viejo black metal estadounidense, presente desde las primitivas eras del primer black noruego, ignorado, pasado por alto a la hora de las lecturas históricas del género, distante y receloso de los experimentos de finales de los noventas y principios de siglo, pero sobre todo constante, vigente.
Hemos visto muchas caras de la escena gringa: Ya sea en sus formas más ortodoxas como Judas Iscariot, sus variantes teñidas de thrash y death en Sathanas y Acheron o la majestuosidad mística de Wolves in the Throne Room, todas menos rimbombantes y sobre todo menos exhibicionistas que sus primas escandinavas. Por eso desde que escuché por primera vez a One Master con su anterior entrega Forsaking a Dead World, presentí que había un cierto hálito muy prometedor en su música. Han titulado su segundo larga duración The Quiet Eye of Eternity y hay que decirlo: es un enorme paso adelante con respecto a su predecesor.
En The Quiet Eye of Eternity vamos a encontrar cada elemento conocido y cada elemento ya intentado en el black. Pero pensemos un momento: ¿Pierde necesariamente calidad un álbum, solo por el hecho de ser creado con herramientas y conocimientos que no son nuevos? A veces podemos exagerar nuestra indignación ante la falta de originalidad, pero eso únicamente disfraza el hecho de que hoy, 19 o 20 años después, los grandes discos de black metal primigenio son todavía posibles.
Presten atención al riff principal en The Destroyer (Part 1): no puede ser refutado, punto. Y no es la octava maravilla del mundo de lo que hablo tampoco, porque este disco oscila entre lo simple pero efectivo y lo brutal, siempre necesario en todo buen disco de black, nada más y nada menos.
Lo áspero de su riffing ha sido conservado, pero ahora la pared sonora es mucho más gruesa, más negra y más firme, lo que se percibe muy claro en The Destroyer (Part 2).
Infinite Void, The Wanderer y Field of Ruins son los tres himnos que sirven de columnas principales; ninguno baja de los ocho minutos y en cada uno asistimos a grandes despliegues de black metal variado, con cambios sutiles en la textura y la profundidad, pero donde se mantiene en general esa sensación de estar escuchando black metal fuerte y saludable, algo inapreciable en una escena donde muchos grandes han pasado de liderar a bufonear en un parpadeo.
The Quiet Eye of Eternity no es el tipo de disco que te atrapa impetuosamente desde la primera escucha, es de los que necesitan espacio para crecer, y por eso justamente, es el disco perfecto para el blackmetalero de corazón.
Websites: www.one-master.net
www.myspace.com/one-master
Calificación: 84/100
Mauricio