16 años…son muchos años para una banda que había dejado la escena siendo una de las mejores del thrash ingles y una de las más oscuras. Quien no recuerda ese monstruo de álbum, “The Force”? In Search of Sanity fue su último legado y aunque fue bueno, para muchos, el disco no representaba la fiereza que Onslaught poseía. Llegamos al 2007 y este quinteto ingles vuelve a las andadas con un disco de thrash a la vieja escuela y con una producción del guru Andy Sneap. Seguirán poseyendo la misma brutalidad o habrán perdido el camino después de tantos años? Vamos a averiguarlo…
La producción, como mencione anteriormente, es impecable y clara como esperaríamos de Sneap. Todo suena equilibrado y con mucha presencia. Cuando entra el arranque con Burn, una cosa es clara…el thrash ha llegado!! Un riff simple pero efectivo seguido de un coro sencillo pero pegajoso nos trae a los días de gloria del thrash de la vieja escuela. Sy suena genial detrás del micrófono y me recuerda mucho al finado David Wayne. En los vocales se nota una mejora impresionante con respecto al The Force.
La pieza titulo tiene una actitud medio punk en su riff principal pero es veloz y machacante y con esa letra oscura que los caracteriza “Spitting blood in the face of God”. Sy vuelve a lucirse en esta y aunque el riff es sencillo, la agresión presente demuestra que esta banda sabe perfectamente lo que quiere lograr. Lastima para el disco que no todo es perfecto. Destroyer of the Worlds es un medio tiempo sin pena ni gloria y Pain aunque veloz es muy genérica.
El asunto mejora de forma notable con el excelente medio tiempo de A Prayer for the Dead, de las mejores del disco y Tested for Destruction, otro medio tiempo que triunfa de manera excelente. Twisted Jesus muestra una variedad agradable y claro esta la critica a cierto presidente norteamericano. Planting Seeds of Hate es un medio tiempo muy similar a lo que esta haciendo Exodus en estos días y aunque agradable hay demasiada similitud con la antes mencionada banda.
Shock & Awe termina de forma veloz y contundente un álbum corto de canciones pero lleno de fiereza y velocidad. Ustedes se preguntaran entonces…Por que Rob no esta emocionado? Es muy fácil, aunque el disco es bueno y se disfruta, se sienten muchas influencias de otras bandas (Exodus y Slayer) y además, siento que se ha perdido ese sonido Onslaught que formaba parte infaltable en su trabajo. En otras palabras, el disco es bueno y lo que si le agradezco es una vuelta a ese sonido de la Vieja Escuela pero siento que la banda no ha logrado producir nada legendario ni histórico con este disco. Es un buen disco de Thrash pero nada mas.
Al final del día, el disco debería satisfacer a todos los amantes del thrash clásico y aquellos que prefieren su thrash con un poco más de maldad de lo usual. La letra sigue siendo oscura y queda claro de que el grupo sabe a lo que quiere sonar. Todos los músicos hacen una buena labor pero si me quito el sombrero ante Keeler, nunca pensé que fuese a sonar tan demoledor en el disco. La producción lleva al grupo al siglo XXI pero la composición sigue arraigada en los 80’s y es ahí donde se podría trabajar un poco mas. El grupo no inventa la rueda pero tampoco quiere hacerlo, la misión de ellos es clara…thrash en su mas clásica expresión. Y en estos días, ese es un activo difícil de encontrar :-)
Calificación: 80/100
Rob