Opeth es una banda difícil de digerir. Con canciones que duran como promedio 9 minutos, sus discos no son lo que se podría llamar una sesión de música liviana (y por liviana no me refiero a suave, a pesar de tener unos increibles pasajes acústicos). De hecho, se podría decir que cada una de sus canciones son obras maestras tanto de construcción como de ejecución, son obras de arte que trascienden mas allá de una simple canción.
Deliverance es lo que en teoría se podría llamar la primera parte de la dupla Deliverance / Damnation, y es el mas pesado de estos dos discos los cuales fueron grabados de manera simultanea entre julio 22 y setiembre 4 del 2002, y es facilmente unos de los mejores discos del señor Mikael Åkerfeldt y compañia.
Decir que este disco es bueno es poco, ya que cada canción tiene una vida, alma y corazón de una forma que pocas bandas logran alcanzar. Para ser mas exacto, y a pesar de que este comentario pueda (y llegará a) escandalizar a mas de uno, a diferencia de otras bandas de metal progresivo que sacrifican la música y todo el sentimiento que se pueda transmitir en un tema por una absurda, burda y fría demostración de talento, técnica y pirotecnia musical, Opeth logra dar una cátedra de ejecución perfecta, complejidad absoluta y cambios en cada uno de los temas que componen a esta producción. En otras palabras, Opeth es élite es lo que a death metal progresivo se refiere.
Hablar de una forma individual de las canciones que forman este disco es irrelevante, ya que cada una es tan brillante que se podría crear una reseña para cada una de ellas solo para comentar su magnificencia. De hecho cada uno de los temas de este disco es tan elaborado que facilmente se podrían sacar varios temas de la cantidad de cambios que estos contienen. Las guitarras tienen una fuerza monstruosa que al mismo tiempo son dóciles y melodicas, el bajo es espectacular gracias a Martin Mendez y su Fender de cuatro cuerdas, pero nada, nada se compara a la ejecución de Martin Lopez en al batería, la cual es, desde mi punto de vista, la parte mas impresionante del disco. Cada platillo, tambor y bombo suena con una presicion quirúrjica, y lo mejor es que gracias a la perfecta producción en lo que a sonido se refiere con la que cuenta este disco, apreciar cada uno de estos instrumentos es tarea sencilla.
No puedo recomendar este disco lo suficiente, ya que la verdad en una maravilla. Una compra obligada para todos los que gustan de música trabajada, pesada y pensada.
Calificación: 100/100
Andrés