“Still Life” (1999) es el cuarto disco de la gran agrupación sueca Opeth, y es un trabajo que marcó un cambio de dirección importante para el futuro de la banda. A partir de “Orchid” en1995, Opeth se abrió paso como una de las bandas de metal más originales del medio, con una interesante combinación de death metal, pasajes acústicos y una versatilidad vocal que convierte a Mikael Akerfeldt en uno de los mejores vocalistas de la actualidad.
El progreso musical de toda banda se mide siempre contra su mejor disco, y en este particular Opeth siempre ha tenido una tarea complicada, porque su segundo disco (“Morningrise”, 1996) ya es una obra de arte difícil de superar. “My Arms, Your Hearse” de 1998 no es gran cosa, y llegamos al melancólico y muy hermoso “Still Life”, disco donde Opeth va dejando de lado sus tendencias death metal y se concentra más en su parte acústica y progresiva, lo que nos regala un disco muy accesible y más liviano que su material previo.
Para mucha gente, “progresivo” es casi una mala palabra, indicativa de despliegues de talento sin sentido y composiciones técnicas pero sin alma. No es el caso de Opeth, donde la aplicación del término progresivo más bien significa balance y armonía, términos que se reflejan en largos y bellos pasajes acústicos que se contraponen a fabulosos riffs y melodías pesadas. En medio de todo esto aparece el señor Akerdfeldt, cuya clara voz gutural se ve complementada de manera perfecta con su melancólica y grave voz limpia. La sección rítmica la componen Martín López en la batería y Martín Méndez en el bajo, quienes no se quedan al fondo, sino que aportan mucha técnica y variedad al sonido. Las guitarras están a cargo de Akerdfeldt y Peter Lindgren, con una sincronización perfecta particularmente a la hora de combinar eléctricas con acústicas.
Abre el disco uno de los mejores temas de la carrera de Opeth, titulado “The Moor”. Una sombría introducción nos lleva a una melodía acústica muy hermosa, la cual da paso a un gran riff, mientras López hace de las suyas en la batería con mucha elegancia. Las estrofas llevan vocales guturales bastante agresivas, mientras que los coros son limpios y más suaves. Cerca del final vuelven a aparecer las guitarras acústicas, en una progresión compleja pero siempre en armonía con el sentimiento general del tema. La letra muestra las habilidades poéticas de Akerdfeldt, en un disco que nos cuenta la historia de un hombre que regresa a su pueblo para encontrar a su amada Melinda casada con otro. Las letras son de corte fatalista y cruel, a ratos me recuerda bastante los trabajos de Edgar Allan Poe ... “I was foul and tainted, devoid of faith / Wearing my death-mask at birth / The hands of God, decrepit and thin / Cold caress and then nothing / I was taken away from my plight / A treason bestowed to the crowd / Branded a jonah with fevered blood / Ungodly freak, defiler”. “Godhead´s Lament” empieza más pesada, siempre con interesantes armonías, y se vuelve acústica en una sección más progresiva.
“Benighted” es una sorpresa y un tema que marca el cambio en el sonido de Opeth, ya que es una balada completamente acústica y solamente con vocales limpias, la guitarra eléctrica solamente aparece en un corto y melancólico solo. “Moonlapse Vertigo” tiene otro solo buenísimo y la combinación de guitarras eléctricas con acústicas que ya es marca registrada de estos suecos.
“Face Of Melinda” es una verdadera lección de metal progresivo, con otra introducción acústica de antología, un bajo fabuloso y diferentes cambios que van subiendo la intensidad hasta llegar a un riff pesado sobre el final. Otra fabulosa letra nos habla de cómo el personaje intenta convencer a Melinda que se vaya con él ... “Still I plotted to have her back / The contentment that would fill the crack / My soul released a fluttering sigh / This day fell, the darkness nigh /I took her by the hand to say / All faith forever has been washed away / I returned for you in great dismay/ Come with me, far away to stay”. “Serenity Painted Death” tiene varios riffs pegajosos y es el único tema donde todavía se escuchan tintes de death metal, mientras que “White Cluster” me parece algo flojo, es un tema de relleno ... bueno pero presenta lo mismo que ya escuchamos.
Gran disco, incluye tres de las mejores canciones de la carrera de Opeth y cambió el sonido de la banda para moldear lo que nos presentan hoy. Le falta poco para alcanzar la maestría de obras como “Morningrise” y “Blackwater Park”, pero sin duda es obligatorio para cualquier fanático de Opeth. Además, me parece que es un buen disco para aquellos que no terminan de convencerse de darle una oportunidad a bandas con vocales guturales, ya que Mikael es un vocalista que los puede hacer cambiar de opinión.
Calificación: 95/100
Esteban R