Gran cantidad de bandas deben luchar fuertemente, y durante largos años,para lograr un estatus de jerarquía y renombre en la escena metal, ya que, a pesar de su talento, deben demostrar este una y otra vez contra una industria que a veces se niega a ver lo evidente. Con todo, encontramos grupos que pueden existir unos pocos años y, sin embargo, dejan un legado incuestionable tras de sí. Possessed es uno de estos ejemplos.
Cinco años bastaron para que Possessed lograra lo que muchos han soñado, pero que no han podido conseguir: establecerse como leyendas. Ser admirados como verdaderos íconos dentro del movimiento. Servir de influencia a nuevos discípulos, y guiarlos en un camino íntegramente metálico.
Y uno de los grandes culpables de estos logros es el disco que nos concierne el día de hoy, su disco debut “Seven Churches”. Presentado en 1985, “Seven Churches” causó, de inmediato, un gran impacto en el ambiente, ya a que el metal no fue el mismo tras la edición de este álbum. Los riffs de Mike Torrao y Larry Lalonde eran completamente maniacos, extremos, violentos y corrosivos, a la vez que Mike Sus aporreaba su batería sin cesar, ofreciendo una serie de breaks y acompañamientos algo simples, pero que dotan a los temas de un peso descomunal, y que le dan un aspecto diferente a lo trabajado en la época. Mientras, Jeff Becerra nos traía una de las voces más sucias, desgarradoras, ásperas, desesperantes y enfermas de que se tiene noción. La unión de todos estos elementos dotaron a “Seven Churches” de un gran nivel de energía y poder, y que lógicamente no pudo pasar desapercibido.
Debemos reconocer en “Seven Churches” el interés de la banda por llevar el metal a nuevos niveles, más extremos, pero a la vez considerablemente trabajados. Las piezas, en su gran mayoría, son rápidas y violentas. Pero el hecho de ser extremas no implica, de ninguna forma, que el grupo no estuviese dispuesto a mostrar su calidad en cuánto a composición. Podemos tomar, por ejemplo, “Pentagram”, donde varias escalas son acompañadas por redobles de batería. Estos ahora podrán parecer simples, pero en aquellos años era una forma de diferenciar, y agregar nuevos elementos a un cada vez más oscuro movimiento.
Otro componente a recalcar es la estructura de los solos. A pesar de pertenecer a una de las agrupaciones más salvajes de aquel momento, Lalonde y Torrao se repartían en forma muy acertada la elaboración de sus solos, los cuales están bastante lejos de ser simple relleno. Muy técnicos, bastante trabajados y profesionales; basta escuchar las escalas que trabajan en la pieza título para notar esa disposición de mezclar brutalidad con armonía.
La fórmula de este disco es clara: metal agresivo, directo, con temple, sin consideraciones de ninguna especie. Temas como la clásica “The Exorcist”, “Twisted Minds”, “Death Metal” o “Evil Warriors”, por no mencionarlos todos, son una abierta invitación al headbanging más feroz, al son de los aniquilantes riffs de Torrao y Lalonde, la destripante batería de Sus y la agónica voz de Becerra. Definitivamente, la máxima en esta grabación es “aquí no tenemos tiempo que perder, vamos a lo que vinimos”. Las canciones, en su estructura, podrán parecer monótonas, pero, en definitiva, tienen y sobrepasan los patrones de energía, de carácter, de bríos y fuerza requeridos para satisfacer a los fans del metal más extremo.
Ciertamente, fueron pocos los años que estuvieron activos. Aparte de “Seven Churches”, solamente lanzaron otro álbum y un EP, igualmente obras clásicas dentro del ambiente. No obstante, y a pesar de estar juntos tan poco tiempo, Possessed se granjeo, de una forma justa, la fama de ser una de las bandas más extremas de aquellos años. Y lo logrado durante ese tiempo indudablemente les dio el merecido estatus de leyendas. Si tienes alguna duda al respecto, escucha con atención “Seven Churches”… entonces sabrás de lo que estoy hablando.
Calificación: 97/100
Randall