Los alemanes de Primal Fear se han mantenido sacando material musical en forma constante desde la salida de su álbum debut Primal Fear en 1998; el caso en concreto de Black Sun es ya su cuarta producción, que es anterior a la edición del DVD The History of Fear (2003) y de su último trabajo de estudio bajo el epígrafe de Devil’s Ground (2004), lo que sin duda nos habla de una agrupación que ha obtenido gran éxito a nivel mundial en cuanto a lo que se refiere al Heavy Metal teutón, hecho que se corresponde desde el inicio que la agrupación tuvo la posibilidad de promocionarse ampliamente por toda Europa a través de festivales como el Wacken Open Air del 98, adquiriendo con giras junto a bandas como Children of Bodom o Metalium un reconocimiento y aceptación generalizada en prácticamente toda la escena mundial.
La banda comienza como un proyecto paralelo del fundador, bajista y vocalista de la banda germana Sinner, Mat Sinner, que une su esfuerzo junto con el ex-vocalista de Gamma Ray, R. Scheepers, que incluso llego en algún momento a ser uno de los candidatos más fuertes para “reemplazar” a Rob Halford en Judas Priest debido ha ciertas concomitancias de timbre y las alturas de su voz con la del Metal God; el proyecto se consolidó como una agrupación estable y en sus dos primeras propuestas desarrollan un Heavy de clara tendencia de la N.W.B.H.M., para pasar seguidamente a desarrollar algunas otras influencias, especialmente basados en mecánicas de Speed y Thrash presentes en la tercera y cuarta entrega de la banda y en donde resalta más el lenguaje armónico/melódico del Power alemán de vena Helloween-Gamma Ray que manejan Wolter y Leibing en los trazos de sus solos.
Uno de los aspectos más criticables de esta agrupación y que se encuentra a lo largo de toda su discografía es el sobrecargo de canciones; normalmente un disco promedio no debería pasarse de unas diez piezas, esto porque considero que como escucha siempre es importante y justo sospechar y prescindir de la calidad de un álbum que contenga más de 8 o 10 temas. Básicamente porque la probabilidad de encontrarse piezas flojas, mediocres, o pésimas aumenta o porque la posibilidad de que su duración se exceda de los 55 o 60 minutos máximos (y razonablemente admitidos para una obra de Metal contemporáneo); lo que provoca una consecuencia perniciosa porque no solo cansa la mente por el esfuerzo realizado (y eso que estamos hablando de Heavy Metal, ni que hablar si se tratara de un disco de Progresivo o de Fusión o de Doom), sino que eso también hace que se llegue al punto de que no se disfruta plenamente del material auditivo; aclaro que esto no es bajo ningún punto de vista un argumento restrictivo o que pretenda generalizar, sino más bien cuestionar la viabilidad de uno u otro criterio (muchos temas o pocos temas, muchos minutos o pocos minutos).
Puntualizando un poco más detalladamente sobre el Black Sun, se trata de una repetición, eso si mejorada, de su anterior álbum Nuclear Fire (2001) y nos recrea el mismo panorama del Heavy Metal moderno dotado de una muy buena producción (especial mención en este caso para las guitarras) y de una amalgama de recursos que hecha mano de otros sistemas estructurales con mayores cambios por lo que, en otras palabras, no cabria argumentar que se trata de un Heavy tradicional como lo han querido ver algunos; los solos muy bien construidos, secciones de mayor peso y agresividad que es lo que caracteriza y diferencia un poco ha este álbum, variadas melodías y armonías de factura alemana por supuesto, una voz con una tesitura que maneja un gran rango de acción en los tonos altos especialmente; en fin, la calidad no se puede negar del todo pero el contexto en el que se ejecuta es desgraciadamente el mismo de siempre.
Al igual que bandas como Hammerfall o Rhapsody, la música de esta banda en la actualidad ha entrado en una especie de depresión u hondonada en donde el grupo no avanza en ninguna dirección, su sonido esta estancado, no intentan renovarse, por lo que cayeron fácilmente en el esquema de un Metal con pocas ambiciones, con ligerezas y blanduras bastante simplonas, llanas y cubiertas de un sedimento lustroso y persistiendo sobre el uso exacerbado de típicos clichés como el fuego, las águilas, los trillados coros y baladas, o los típicos himnos al Metal con piezas caducas en toda su integridad como “Metal is Forever” o “Living for Metal”.
Calificación: 69/100
Salvador