La primera banda de Metal Latinoamericano en conocer el éxito comercial a nivel mundial y cosechar gran aceptación en los círculos metálicos de Europa y Estados Unidos a través de festivales y extensas giras con la élite del Death Metal de la época, así como un reconocimiento de la crítica especializada por sus buenas producciones y por proceder a su vez de un país que hasta la fecha no tenía tradición alguna en este movimiento.
Después del cambio de rumbo que significó el Schizophrenia (1987) y la positiva introducción del Alemán A. Kisser a la banda, Sepultura busco una forma musical aun más extrema y brutal, optando por una mayor incidencia en la velocidad y agresividad de las secuencias de riffs y evitando el discurso melódico, por lo que lo más óptimo en este caso era descargar líneas del Thrash Metal clásico por esa razón la tendencia de las piezas es más directa y horizontal.
El efecto típico de las bandas de finales de los ochenta sin lugar a dudas buscaba una inmediatez en la actitud, en la reacción del oyente, con tal que el mensaje fuera evidentemente más claro, casi que con una forma de himno de guerra y oposición en contra de la sociedad y sus determinismos. El mejor ejemplo de esto en Sepultura es “Inner Self” o “Mass Hypnosis”, cortes de clara exaltación a la libertad individual y denuncia del control, llámese político, religioso, militar, económico, educativo sobre las personas para crear lo que algunos filósofos han llamado el hombre masa, el hombre convertido en objeto, en títere, ¿será una manipulación a manos de los que buscan el poder o mas bien es la debilidad del “ser” al sucumbir sin resistencia al sistema?
Otra faceta interesante aquí es que Sepultura intenta indirectamente darle una noción rítmica de inclinación Death Metal a sus composiciones, algo que precedería al discurso del álbum Arise (1991) que sería la apoteosis de su evolución; empieza entonces a notarse las implicaciones de esta tendencia con estructuras más concretas y compactas en lugar de las amplitudes de riffs thrashicos sobre-extendidos y de constancia monótona en los acentos, así podemos constatar que se trata de una música más dinámica y transmutable como debe ser el Death Metal en el estado natural de su misma brutalidad, es por tanto notable los cambios a riffs más pegadizos y fácilmente reconocibles o accesibles para desarrollar una rítmica más matizada.
Efectivamente, este es un disco de transición, que generaría un reordenamiento no conciente o planeado posiblemente, pero que posteriormente es notable porque disminuiría la velocidad para dar un mayor control y se nota a partir de este momento con el buen manejo que da I. Cavalera a los pedales de su batería con justas aceleraciones y mecánicas, impulsando y dirigiendo la masa sonora en el ataque e incluso esto es lo que abre la posibilidad a la voz de M. Cavalera para que la misma adquiera un mayor grosor del volumen e intensifique lo gutural.
En general es una producción bastante buena, con una mejora en la totalidad del sonido y que mantiene la coherencia necesaria de canción a canción dentro de una relación de Thrash Metal mayoritariamente y que es necesaria su comprensión dentro de los cambios surgidos en Sepultura con sus siguientes propuestas.
Calificación: 82/100
Salvador