Los padres de todo el movimiento Speed y del Thrash Metal norteamericano nos han atacado desde principios de la década de los 80 y continúan destruyendo escenarios hasta el día de hoy, aunque es evidente que su música ha sufrido algunos cambios y se ha transformado en algunos aspectos, sin que eso haya significado el dejar de lado la gran agresividad que siempre han mostrado a lo largo de su carrera.
La etapa de diez años desde el descubrimiento de la banda por Brian Slagel de Metal Blade y que propiciaría la grabación del primer álbum Show No Mercy en el año de 1983 hasta su sexto asalto musical que es el brutal concierto Decade of Aggression del 91, nos muestran quizá el más rico y valioso periodo de composiciones de la historia del Thrash y en donde Slayer forja y unifica su sonido característico que es reconocible bajo cualquier circunstancia y que ha experimentado sensibles variaciones por la partida de uno de los puntos clave de esta distinción como lo es el gigante de la percusión del Speed Metal el señor D. Lombardo.
Hay agrupaciones que sin proponérselo dejan una huella imborrable y que con su gran aporte no solo dan más vida y variedad al género o estilo musical, sino que, como en el caso de Slayer, logran que su personalidad y su química como músicos sea tan palpable en su sonido que este logra concretarse en la mente de cada escucha como una marca o sello, sin importar si es de Estados Unidos o de Japón, de Brasil o de Italia, de Rusia o de México, o si creció en los 80’s o los 90’s o si apenas esta siendo introducido a este movimiento, cualquier metalero de este planeta en cualquiera de los casos se sentirá totalmente identificado con la velocidad de los riff, los demenciales solos, los neuróticos gritos de T. Araya, y en sí mismo, todo el espectro de violencia Slayeriana.
Pero no estamos hablando simplemente de aportes de carácter formal, o de innovación técnica dentro del Metal mundial, pues para tratar de dar una justa definición de la importancia de una entidad como Slayer nos vemos obligados a ir aun más haya de lo meramente teórico. Y esta cualidad, esta capacidad de explotar diligentemente los más altos preceptos del Metal más extremo, para convertir su sonido en la muestra más pura y elevada del Thrash, en el método más exacto para encontrar y delimitar su accionar como lenguaje, es precisamente lo que genera que Slayer se convierta en el patrón a seguir, en el punto de partida, en el sistema que encierra todo lo significativo de este estilo y el cual siempre se buscará como el modelo compositivo por excelencia.
Seasons in the Abyss es un compendio de piezas donde se refleja todo lo dicho anteriormente y en donde la sabia producción de Rick Rubin es fiel al sentimiento de la banda y logra revelar un sonido que yace en las profundas raíces de la misma historia de la música Rock y que evolucionó en una música cruda, siniestra, misantrópica y que hiere la sensibilidad de los más moralistas y prejuiciosos.
La culminación de un primer gran proceso se encuentra materializada en este álbum y sintetiza sin duda toda la naturaleza de los elementos que han hecho de la agrupación más que una figura pionera, una a la que se le profesa un profundo respeto y admiración por parte de la crítica y de la mayoría de exponentes del Metal moderno.
Así las cosas, una obra universal por parte de una agrupación que nunca dejará de ser escuchada, que no cesará de transmitir su concepción del Metal y los atributos originarios del movimiento a cualquier metalero de cualquier época. Una legado INFALTABLE!!!
Calificación: 93/100
Salvador