En la actualidad la escuela de Power Metal, en especial la Europea, goza de una reputación que genera una actitud más bien despectiva en torno al movimiento. El fundamento de este rechazo generalizado por la mayoría de escuchas trae como criterio de certeza una noción prejuiciosa y tergiversada respecto tanto al estilo musical como a las bandas que lo representan.
Por más que algunos insistan en argumentos en torno a la constante repetición de formulas preestablecidas que promocionan el reciclaje genérico y que son perfectamente viables como crítica, muchos caen en la falacia de dar una generalización de un todo muy diverso a partir de ejemplos de particular interés para sostener la idea de que el Power no tiene posibilidades evolutivas y que todo el espectro en sí mismo cae en un estado de inanición que se torna homogéneo hasta el hastío. Quiero llamar la atención de que para emitir un juicio de tal naturaleza los que lo defienden remiten a la ingenua proposición que afirma, en forma casi absolutista, que este sub-género es una estructura o cuerpo totalmente unificado y determinado, como si solo hubiera una visión unívoca de interpretar el estilo. Los vagos razonamientos con los que algunos tratan de dar apariencia de conocimiento con respecto al Metal en general son una actitud típica que demuestra un raquítico entendimiento y capacidad de análisis del variado escenario metálico mundial. Este problema no es de extrañar porque es una creencia muy susceptible a imponerse como hecho incontrovertible en el ámbito metalero nacional y es introducida con una retórica puritana, conservadora y ortodoxa que refleja aspectos de la misma sociedad en la que estamos sumidos y de esta manera se adopta la misma enfermedad que tanto se refuta en otros (inversión del patrón del discurso); así, algunos metaleros resultan tan dogmáticos en sus apreciaciones como los mismos moralistas de corte religioso o en general igual que las creencias tradicionalistas o populistas con las que lidiamos día a día.
El Power Metal, contrariamente a lo que se cree, resulta tener una condición de impresionante versatilidad que conlleva a variaciones sinfónicas, épicas, progresistas, con un repertorio capas de desdoblarse en divertimentos instrumentales, técnicas neo-clásicas, moderaciones de Speed y hasta intencionalidad de Banda Sonora, en fin, las aplicaciones son cada vez más amplias. Pero también, y esto es clave, es procreador de un fenómeno cultural que esta presente en toda forma artística de carácter universal y que otorga validez a la misma: las escuelas nacionalistas.
La extensión del término ha sido abordada por distintas lecturas que se fundamentan, pintando muy grueso, en dos diferencias: una de carácter armónico del conjunto instrumental y la otra se deriva del papel que cumple el acompañamiento como sustrato conductor de todo el engranaje melódico. Esto ha generado que surjan y se consoliden estos movimientos nacionalistas dentro de esta corriente musical, principalmente me refiero al alemán, italiano y finlandés; de esto se desprende, sin mayor reparo, que esta tendencia se ha matizado tanto que resultó en una entidad heteromorfa y tentacular, que a su vez tiene la flexibilidad para ser el caldo de cultivo donde se apoyan otras inclinaciones musicales.
Para concretar con todo lo dicho con anterioridad, es perfectamente legible quien es el arquitecto del sonido Power dentro del nacionalismo finlandés. Y aún es más notable con esta, su cuarta obra, que es la que marca el inicio de esta forma de comprender, de percibir el cromatismo, el patrón de los tiempos y la tesitura propia del estilo, resaltando el trabajo de tonalidades del acompañamiento orquestal en forma de ornamentación barroca por parte del teclado, todo ello sin que las composiciones se recarguen demasiado. Con esto Stratovarius funda y a su vez amplía la capacidad de resonancia polifónica del conjunto.
El cambio estilístico y técnico es muy evidente en este álbum en relación con los fundamentos más livianos del Dreamspace y el Twilight Time. La robustez instrumental se dilata y el aparato rítmico es más prominente, esto en gran medida por las virtudes de Jari Kainulainen en el bajo. Disco fundamental para introducir a cualquiera a las bondades que ofrecen los grupos contemporáneos de Finlandia en esta vertiente metálica.
Calificación: 85/100
Salvador