La banda Noruega Theatre of Tragedy es reconocida como una de las primeras en desarrollar el Gothic Metal junto a bandas como los ingleses de Paradise Lost y los suecos de Tiamat y además sobresale porque fueron de los primeros en incorporar voces femeninas dentro de su repertorio con su primer álbum del año 95 titulado simplemente con el nombre de la banda y que rápidamente los hizo surgir como una de las más respetadas agrupaciones dentro del estilo, a pesar de la mala calidad del sonido y de la mala producción que tuvo su segundo álbum del 96 “Velvet Darkness they Fear”.
El Aégis es la tercera, mejor y más equilibrada obra de estos noruegos que lograron en esta ocasión un sonido mucho más limpio y refinado en la producción y en donde su música es caracterizada por tener mayor solidez y fluidez debida principalmente a una gran confianza y a una idea más exacta de lo que la banda es capaz; por ello, como era de esperarse, en esta ocasión es más clara la búsqueda de expandir un poco más su sonido a otros ámbitos con algunos elementos más electrónicos y con menos presencia de growls y una música aún más reposada y serena, acercándose incluso un poco más al Gothic Rock.
Para fortuna del arte y de todos sus seguidores este álbum no se sale radicalmente del sonido al que nos tenía acostumbrados la banda, lleno de melancolía y depresión, de hecho aquí la tendencia temática es más romántica que en su predecesor, son poesías cantadas llenas de voces angelicales y cargadas de belleza y sensualidad por parte de Liv Kristine (actualmente con su banda Leave’s Eyes) en donde la constante es el intercambio de líneas vocales con Raymond Rohonyi, que posee voz grave y sentenciosa, manteniendo un buen nivel de protagonismo entre ambos al momento de lograr las texturas vocales que es un aspecto que acoplaron muy bien en este disco.
Las letras fueron inspiración de R. Rohonyi y prácticamente escritas en ingles antiguo por lo que resulta un poco compleja su comprensión, de hecho el tipo parece ser amante de la literatura Shakespeariana, lo que explicaría el particular carácter fonético que utilizan ambos vocalistas, así como los giros arquetípicos del lenguaje y por supuesto las ideas dionisiacas, el amor, lo voluptuoso, lo prohibido y lujurioso, que se extraen de estos tonos trágicos.
La gran mayoría de la música en esta obra fue escrita por el guitarrista T. Olsson que dejo de ser miembro de la banda después de este trabajo, lo que en parte nos dice el por qué del cambio de dirección que tuvo la banda con su disco del 2000 “Musique”, obra abiertamente electrónica que utiliza esas desfiguraciones del sonido con efectos logrados a base de sintetizadores analógicos y otros trucos tecnológicos.
Todas las piezas del Aégis están llenas de sutiles y delicados arreglos, que varían en ritmos lentos, con guitarras limpias y melodías de teclado sencillas pero precisas, riffs ocasionales y un muy bien logrado trabajo en la percusión, buena técnica y desenvolvimiento por parte de H. F. Hansen, que instrumentalmente me parece lo mejor del disco junto con la parte vocal.
Los elementos de interés y de atracción sensitiva sobran aquí por lo que es muy difícil aburrirse (gracias también a que no es un disco de larga duración) por lo que no hay excusa razonable para experimentar este sugestivo vino que recomiendo ampliamente para el metalero ávido de variedad musical y para todo aquel que aprecie la depresión.
Calificación: 96/100
Salvador