Con este álbum Virgin Steele dio conclusión a la trilogía “Marriage of heaven and hell”, y lo hicieron de la mejor forma con esta épica pieza maestra.
El concepto logrado en este disco es inspirador, es acerca de sobreponerse a todas las mierdas que nos pasan día con día, conseguir nuestras metas con honor, lealtad, fuerza y coraje, conquistar, tener una causa justa en la vida y lograrla con el poder que cada uno posee.
David DeFeis y compañía se conjugaron de forma perfecta para hacer un disco de heavy metal sinfónico, pero sin dejar que las orquestaciones tomen la batuta del disco, como lo harían en el posterior “The house of Atreus part 1”. Aquí las canciones son más directas, pero casi siempre acompañadas por David y su teclado, que en los momentos justos logra crear esas atmósferas dramáticas que son muy propias de este grupo.
La voz de David se encuentra en su mejor forma, a veces nos recuerda a Eric Adams de Manowar, solo que mantiene la mayor parte del tiempoun tono más agresivo, pero también capaz de cambiar a un tono más melódico para esas partes donde es acompañado solo del piano y la guitarra, prueba de ello es el mágico final de Mind, Body, Spirit, o la corta God of our sorrows, donde David canta con un sentimiento increíble.
El trabajo en la guitarra de Edward Pursino en la guitarra es muy bueno, la estructura de las canciones es sencilla, y los solos no buscan ser los mas elaborados, simplemente ajustarse a esa simpleza de las canciones, lo que hace que suenen perfectos.
Algo importante es la forma en que manejaron las instrumentales, ya que no son de esas que adelantas apenas empiezan, más bien sirven de puente entre una y otra canción, pero casi sin que te des cuenta, ya que además son cortas, no son de esas instrumentales de 4 minutos que te aburren.
Todas las canciones son extraordinarias, pero entre mis favoritas están el tema titulo con una línea de bajo explosiva por parte de Rob DeMartino, la ya mencionada Mind, Body, Spirit, con ese final de antología, la intensa Dust From The Burning, A Whisper of Death, donde David hace gala de la versatilidad que posee en su voz, y la de cierre, Veni, Vedi, Vici, una épica de 10 minutos que lo tiene todo, un gran riff, uno de los mejores coros que he escuchado, y un interludio magnifico, lo que hacen de esta canción un clásico absoluto.
A pesar de haber salido en 1998 este álbum ya cuenta con el sello de clásico entre los seguidores del metal más épico. Obra de arte que no tengo la menor duda que perdurará a través del tiempo.
Calificación: 100/100
Javier |