Segundo álbum oficial de la banda noruega Winds que reúne a cuatro de los más talentosos músicos de este país nórdico para crear una interesante combinación de estilos y conceptos de vanguardia en el metal moderno. Si bien la música que practican resultará un poco difícil de decodificar para algunos escuchas no relacionados con el progresivo o con las texturas decadentes y cadenciosos que resaltan a lo largo de los casi cincuenta minutos de duración de esta obra de Winds, es debido a su solidez armónico-melódica y a al buen contrapunto obtenido de las cuerdas que le dan a este disco una solvencia más contundente que a su anterior trabajo de estudio (Reflections of the I), por lo que resulta muy atractivo para todos aquellos que aprecien las creaciones de agrupaciones como Green Carnation, Agalloch, November’s Doom o Age of Silence.
Entre los aspectos más destacables de esta banda es su lucidez técnica e ímpetu por resaltar la unificación de los elementos que cada músico aporta sin innecesarios despliegues pirotécnicos que arruinarían el ambiente y la singularidad de cada pieza, se podría decir que el virtuosismo más que un fin en si mismo es aquí utilizado como catalizador de las energías necesarias para la construcción de cada frase o segmento musical.
Como ejemplo podemos destacar las excelentes y precisas figuraciones que Hellhammer (Arcturus, Mayhem, The Kovenant, etc.) incorpora en las partes más expresivas e instrumentales, así como los excelentes solos cargados de armonías que se marca Carl August Tidemann (Arcturus, Tritonus) dándole un tono más esperanzador y emotivo a las piezas.
Muy notable también, es el hecho que a lo largo de las doce canciones se entrelazan paisajes muy exuberantes y otros más melancólicos e introspectivos gracias al excelente desempeño en las teclas del señor Winter que apoyado por el cuarteto de cuerdas mantienen una atmósfera lóbrega. En el apartado de la vocalización Lars Eric Si (Khold, Jack in the Box) maneja una buena entonación y técnica, pero logra pocos buenos momentos (uno de ellos es la inicial What is beauty?) y más bien su voz me resulta aburrida debido a que su timbre es muy opaco y en general su voz no tiene protagonismo y me resulta poco expresiva, sin matices.
Su desempeño en el bajo se limita a apoyar las estructuras de riffs, y en general su interpretación en el instrumento no es pretenciosa; lo mejor de su participación es sin lugar a duda los inteligentes arreglos de cuerda. La producción, que corrió a cargo de los mismos miembros del grupo, es sobria y justa con las características propias de la música: clara, limpia y envolvente.
Para rematar contaron en la parte visual con las increíbles gráficas del genio de Travis Smith (que aporta mucho al concepto del tiempo que manejó Andy Winter en las letras) lo cual siempre es sello de calidad artística. En general es una obra elegante, constante y original que le dará un toque más refinado a tu colección.
Calificación: 83/100
Salvador
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