Esta semana tenemos un disco de black metal muy poco ortodoxo, y en un grado tal, que haría a Euronymous retorcerse en su fétida tumba si pudiera escucharlo. En otras palabras, llegó la siempre esperada hora de la graciosa cacería de puritanos.
En la escena black de Estados Unidos –junto con la escena francesa, cosa que ya he mencionado en varios ocasiones– sopla con mucho más fuerza el viento de renovación en el género que en otros sitios, y Wolves In The Throne Room tiene bastante responsabilidad en dicha renovación, ya con dos discos larga duración que han encantado a los críticos en todo el mundo.
Los hermanos Nathan y Aaron Weaver llevan una vida bastante... “particular” por decir lo menos, pues viven en una especie de comuna rural, donde la autosuficiencia alimentaria es igual de importante que las guitarras distorsionadas.
Un detalle extra sobre la banda: se equivocan quienes supongan que esta es una de esas bandas del underground autofinanciada, autograbada, autoproducida y autodistribuida. Para nada. Su disquera es la finísima Southern Lord, encargada de difundir mucha de la música más vanguardista de este planeta en géneros como el doom, sludge, stoner, etc.. El enorme grueso de sus seguidores está en Europa, donde han pasado los últimos dos o tres años dejando a las escenas black locales con la boca abierta.
Este Black Cascade es su tercer disco, que en términos musicales apuesta por el lado agresivo y catártico de su fórmula majestuosa de black metal ritual y místico. Es una obra menos ambiental que su predecesor Two Hunters, del que continúa la predilección por los himnos largos y épicos, y los riffs sublimes que languidecen en nieblas casi religiosas.
Hay que destacar también que por una vez, gracias a esta banda, el black metal se arranca su capa de odio, misantropía y satanismo, y obsequia a quien tenga la capacidad de asimilarlo, un mensaje de pureza arcana, de limpieza interior y sobre todo de contacto con como quiera que se denomine ese principio orquestador de todo lo que existe. No sorprende entonces que la misma banda diga lo esencial que es para ellos tocar en vivo, ya que en el escenario es donde alcanzan la catarsis última.
Aquí no hay nada de “caminatas heladas bajo la luna, en los antiguos bosques paganos de nuestros ancestros”. Esto es material mucho más universal, una gran misa nocturna sin nada de miopías nacionalistas, tradicionalmente ligadas al black metal que habla de la tierra, lo puro y la historia propia.
Wolves In The Throne Room es material absolutamente obligatorio para cualquier blackmetalero que se respete, y con toda probabilidad es una de las dos o tres bandas que hace el mejor black metal del mundo en este momento. Indispensable.
95/100
www.myspace.com/wolvesinthethroneroom
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