…Y EL ANGEL DE LA RETRIBUCION DESCENDIO SOBRE NUESTRAS CABEZAS, FORJADO EN FUEGO Y METAL.
Todavía parece mentira que Judas Priest se haya presentado en tiquicia. La puesta en escena prometía ser de proporciones épicas y así fue. La presentación del sumo sacerdote en nuestras tierras dio comienzo muy convenientemente con un fragmento de War Pigs de Black Sabbath que a más de uno puso a cantar. La enorme manta con la enseña que decía simplemente Epitah, ondeaba suavemente mientras Battle Hymn iba en crescendo, hasta caer por los suelos de golpe al entrar la clásica Rapid Fire, con un sonido cristalino, feroz y muy potente. Era cierto: Judas Priest tocaba frente a nuestros ojos.
La escenografía era digna de este acontecimiento fastuoso, pues a final de cuentas era DIOS quien estaba cantando en La Sabana.
En menos de lo que podíamos darnos cuenta, ya sonaban Metal Gods y Heading for the Highway. “The Priest is here” había anunciando ya Robert John Arthur Halford y la multitud lo ovacionaba a cada movimiento. Muchos escépticos de la garganta bendecida del pelón vieron sus sospechas desparramarse por los suelos, pues este maestro todavía puede dominar una multitud de camisas negras con canciones de hace casi 40 años. Y la verdad sea dicha, aunque sus tonos agudos sean cosa ya del pasado, el resto de su rango vocal permanece exactamente igual que hace 40 años. Sencillamente extraordinario.
Como era de esperar la escenografía cumplió una importantísima labor en el enriquecimiento del show, que con la música solamente habría bastado, pero dejémonos de pendejadas; no hay nada como ver a un artista de este tamaño ostentar toda su majestad frente a un público que lo adora.
Las mantas alusivas a las portadas de sus discos y las proyecciones digitales al fondo del escenario, coincidían con el tema que en cada momento iban tocando y el juego de luces era simplemente perfecto.
Con este marco desfilaron clásicos nuevos y antiguos, como la lenta pero brutal Judas Rising, donde el gigante Scott Travis se lució en la batería. Las geniales Starbreaker, Victim of Changes, Never Satisfied y una esperada versión con inicio acústico de Diamonds and Rust, formaron un segmento de himnos antiguos pertenecientes a esa época en que el metal apenas se forjaba. Aunque la mención de la leyenda de Woodstock Joan Baez como compositora de Diamonds and Rust dejó a unos cuantos patinando.
Mientras todo esto sucedía, Halford cambiaba de atuendos siempre personificando a la perfección su estatus de Metal God. ¡¡¡¡Llamarlo leyenda es subestimarlo!!!!
El viaje en el tiempo seguía y la banda tocaba Prophecy, de su última descarga en estudio, pero cuando comenzó la intro de Nightcrawler y las emblemáticas cruces fueron elevadas a ambos lados del escenario, el frenesí se desató. ¡Qué himno, qué interpretación, qué puesta en escena!
El coro de Turbolover con su beat básico fue otra delicia de la noche, seguida por Beyond the Realms of Death, donde una vez más, Halford se lució y barrió el piso con cualquier pensamiento detractor.
La filosísima guitarra de Glenn Tipton sonó con una claridad igualada solo por el constante martilleo en el bajo por parte del titán Ian Hill, y Richie Faulkner cumplió muy bien con su parte viéndose acoplado al sonido de estas leyendas vivientes.
El concierto continuó con The Sentinel, Blood Red Skies, Green Manalishi original de Fleetwod Mac, hasta que Halford tomando la palabra y haciendo alusión a 1980 como un año sagrado para el metal, presentó un clásico de clásicos que todos aguardábamos: “¡¿Breaking the what!? ¡¡¡¿¿¿Breaking the whaaat!!!?? Y la multitud le respondió sin dilaciones a cada provocación: ¡¡¡¡LAW!!!!
Esta regia misa de acero y fuego entró en su recta final con Painkiller, clásico infaltable y con un cierre de ensueño: Hellion/Electric Eye, Hell Bent for Leather, You Got Another Thing Coming y todavía con energía para una más, Living After Midnight y así la congregación ya estaba lista para regresar a casa después de recibir su comunión metálica.
El 27 de Setiembre del 2011 Dios y su banda tocaron en La Sabana, y yo como cualquier hombre piadoso declaro que me siento salvo después de este bautismo en acero y fuego. Un concierto de leyenda, nada menos. |