A eso de las 10:15 PM, en un recinto al 50% de su capacidad, sin introducciones y yendo directo al grano, el Señor de todas las fiebres y plagas descargó la clásica Immortal Rites sobre nuestras cabezas. Por fin los papás del death metal enfermo y esotérico aplanaban Costa Rica.
Desde un inicio, Tim Yeung detrás de la batería dejaba en claro que su técnica precisa, certera, clara e implacable no nos haría extrañar a Pete Sandoval. El sonido, al contar Morbid Angel con monitoreo, fue de inmediato superior al que habíamos tenido toda la noche.
David Vincent tomó unos instantes para comunicarse con el público y agradecerle a Costa Rica el haber dado la bienvenida a Morbid Angel. Su voz profunda y grave sumado a esa pinta de vaquero del infierno que lo hacía ver imponente dio de qué hablar. Algunos bromeamos que parecía un Paul Stanley del Averno.
Luego de pasear por los cortes Fall From Grace, Rapture, Pain Divine, Maze of Tormet (que estuvo extraordinariamente brutal y genial) y por último Sworn to the Black, fue que la banda introdujo el primer extracto de su último disco, el odiado y amado Illud Divinum Insanus. El himno elegido fue Existo Vulgore, convenientemente a tono con la atmósfera monstruosa que hasta ese momento se vivía.
La habilidad de Yeung en los tarros no paraba de impresionar mientras el noruego Thor Anders Myhren (Destructhor) por un lado y la leyenda viviente Trey Azagthoth por otro, mantenían más bien un perfil bajo. Su trabajo de guitarras sin embargo era impecable y el sonido masivo llenaba todo el edificio. Y no esperábamos menos la verdad.
Después de Nevermore, otra de las pesaditas de su disco más reciente, vino la más rítmica I am Morbid, que fue coreada a más no poder por la audiencia con ese constante “¡Morbid, morbid, morbid!”, que se convirtió en el mantra entusiasta de aquella horda deathmetalera sumida en un mosh violentísimo, que no había parado desde el minuto uno.
La interpretación a cien por hora de Chapel of Ghouls fue otro punto altísimo y revelaba a este ángel como el ente morboso que es: aunque el público ya estuviera al límite de sus fuerzas, los obligaban a más. Los brazos en alto y las expresiones de furia desenganchada eran la respuesta.
Otro instante memorable nos lo regaló Trey al mandarse un solo de guitarra, breve pero enfermizo y surreal, que le permitió al resto de la banda tomarse un merecido descanso.
A estas alturas más de uno podría haberse dado por satisfecho, pero faltaba bastante más. Una soberbia interpretación de Where the Slime Lives con un doble bombo atronador, fue el momento para que un valiente le lanzara a David Vincent una bandera de Costa Rica, acertando a dejársela en las manos. El grito de “oe oe oé Morbid, Morbid”, fue automático mientras el frontman extendía la bandera con un gesto de respeto y agradecimiento al público.
Inmediatamente después siguió la carnicería con Blood on my Hands y Bil Ur Sag para finalmente dejar espacio a uno de los clásicos más inmortales no solo de Morbid Angel o del death metal, sino de todo el metal en general: God of Emptiness, lenta, avasalladora, en vivo y en Costa Rica. La noche estaba prácticamente completa.
World of Shit fue el sello final que acabó de unir a banda y público en un solo y mórbido espíritu. Calificación impecable para Costa Rica Metal, que vistió a nuestra capital con las galas del metal muerte más fino. No nos resta más que volver a agradecer el excelente trato y desearles todos los éxitos posibles en el futuro. |