Cómo cuesta la elocuencia cuando se busca narrar lo extraordinario. La consciencia colectiva de nuestra especie, esa que lleva el metal impreso en el código genético, la que asistió al concierto piensa: Qué bueno haber estado ahí, qué bueno haber sido testigo presencial, qué bueno haber sido parte de la historia…
Esa línea circular de bajo que abre en la aplanadora Consumed fue señal inequívoca de que era cierto, y de que no había tiempo para sentarse a procesar lo que sucedía. Había que entregarse en un instante. Y que conste: Nadie se resistió.
Tampoco hubo tiempo para disipar las dudas frunciendo el ceño o para analizar con escepticismo. The Fragile Art of Existence, la creación cumbre del inmortal Chuck Schuldiner, estaba siendo tocada en vivo en nuestras caras, por un ensamble de guerra nacional y cantado por Tim “the scream” Aymar.
La interpretación instrumental de Grecco solo puede ser llamada de una forma: soberbia. Con confianza absoluta, Andrés Bogarín y Roberto Alfaro en las liras, Rafa Torres machacando el bajo y Esteban Villalobos castigando los tarros, fueron una aplanadora que nos dejó a todos boquiabiertos.
Los cambios quiebra cuellos desde la batería, los riffs rítmicos a doble ataque, el bajo independiente... lo que quieran, fue tocado a la perfección y coronado por la rendición de Aymar que conectó con el público en el acto. Palabras aparte para este gigante que nos dio una lección de humildad maravillosa. Imposible no notar como Aymar nunca buscó protagonismo o pavoneo, sino más bien dejar que se lucieran los músicos que lo acompañaban, a quienes llamó hermanos y de quienes resaltó uno por uno su excelente aporte. ¡Por todos los diablos, si en el break de la última pieza, en el mismo piso del escenario comenzó a firmar entradas, pedazos de papel, booklets o lo que fuera que el público le acercara!
Con una honestidad brutal, nos contó como con su voz solo pretendía ser un instrumento para seguir dando vida a la obra de Chuck Schuldiner. Y lo dijo con profundo sentimiento y respeto por la memoria de este maestro, con quien compartió incluso algunos de sus últimos momentos. Tim Aymar hizo de embajador el sábado 5 de marzo, y su comitiva fue inmejorable.
A todos aquellos que no asistieron a esta ceremonia, debo decirles que tienen que lamentarlo amargamente. Se perdieron las caras de asombro generalizadas al escuchar los solos por parte de Roberto Alfaro, o la técnica exquisita de Esteban Villalobos detrás de la batería, que en no pocas ocasiones nos dejó sin dar crédito a lo que escuchábamos. Gracias Grecco por jalarse semejante torta, pues ese no fue un concierto cualquiera, ese fue un suceso que ya es documento histórico.
En verdad es difícil hacer un ejercicio mental que resulte en solo una sinopsis del concierto. Muchos factores convirtieron a esa noche en un momento sagrado en el metal, algo así como un pie de página escrito con letras de oro y acento tico en el libro venerable del metal mundial. The Fragile Art of Existence nunca había sido tocado en vivo por ningún grupo o alineación, y en el año del décimo aniversario de la partida de Schuldiner, fuimos nosotros los escogidos para atestiguar esta fracción de historia que muchos recordaremos desde ya y para siempre, como leyenda. |