Este concierto de los alemanes de Helloween plantea serias dudas para lo que debe ser un análisis justo y preciso de lo que es asistir a un espectáculo ofrecido por esta leyenda viviente del Metal. La dificultad de afrontar esta grabación en vivo deriva de que esta fue hecha en tres localidades (Milán-Pamplona-Gerona) diferentes por lo que no hay una continuidad adecuada que permita tener una noción más exacta de la totalidad de una presentación y esto hace que el resto de aspectos que se someterán ha examen caigan en una relativa subjetividad, por lo que me limito a dar dictamen sobre el montaje de piezas que fueron seleccionadas e insisto en que no se trata de un concierto en específico de la banda sino de una puesta en escena que se refiere a lo que es una experiencia cercana con Helloween en concierto; así, este problema de producción sería de hecho mi primera crítica negativa al material.
Visualmente la propuesta de la filmación es realmente poco atractiva e inclusiva; las tomas desarrolladas a base de cámara lenta o con distorsiones, dificultan el acercamiento a la interpretación y entorpecen la apreciación de las secciones más relevantes de la instrumentación en no pocas ocasiones. Por otro lado el trabajo de edición y montaje de escenas torna el panorama, que se supone debería exaltar esa sensación de ambiente, en una especie de video clip y la captación del momento real de interacción de la banda y su público se pierde por amplios segmentos de forma escandalosa; por si esto fuera poco el intercambio de cuadros para la grabación no es en lo absoluto destacable sino que apenas alcanza el grado de aceptable.
Lo que tiene que ver con luces, pirotecnia y escenografía, en general resulta adecuado. Un trabajo moderado y limitado en el aspecto de pirotecnia es algo rescatable, así como la iluminación y distribución de las luces sobre el escenario es acertada con excepción de algunos excesos de tonos. Estos aspectos técnicos me llevan a evaluar el más relevante de todos: el sonido. Este elemento es la clave para poder reunir suficientes juicios que nos guíen a un criterio lo suficientemente coherente para argumentar la validez o no de un espectáculo musical; si hay un sonido defectuoso no tiene caso hablar de la interpretación y ejecución de la obra pues no reuniríamos los puntos necesarios para dar una valoración de la misma, no se podría afirmar si el concierto fue bueno o no porque no se puede apreciar la calidad real de los músicos.
En High Live hay deficiencias en el sonido como lo poco homogéneo que resulta sobre todo cuando resalta alguno de los instrumentos relegando demasiado a los demás; se pierden los bombos de la batería regularmente y por varios tramos hay una amplificación del sonido demasiado obvia, en especial se nota demasiado con el micrófono de A. Deris; sin embargo, a pesar del esfuerzo que hay que realizar (en las 3 primeras canciones), en general y en la mayoría de piezas el sonido es aceptable.
Ahora, si bien no es el mejor sonido posible, nos da lo necesario para pensar en algunas situaciones importantes de la interpretación. Vale decir que la mayoría de piezas se sostienen bastante bien, con digitaciones en las guitarras apegadas al papel y la formación de las mismas es fidedigna. Mención especial al trabajo de Grosskopf y Kusch, constantes y exactos mostrando una unificación sólida y consolidada como sección rítmica. Con respecto a A. Deris, si bien su timbre se ajusta a la música de Helloween, es claro que no tiene, ni puede manejar alturas, flexiones y las extensiones de la voz que sugiere el cromatismo de esta tendencia metálica, su capacidad es limitada; aún así, lo que él ofrece al grupo sale a relucir plenamente en este material.
Finalmente, el repertorio corresponde a la segunda etapa de la banda por lo que el material de sus inicios es casi dejado por fuera y no satisface a los que les gustaría observar clásicos como “I’m Alive”, “Halloween”, “Starlight”, “Ride the Sky”, “Save Us”, etc.
Calificación: 60/100
Salvador