...Que lo del Diablo es más símbolo de irreverencia que culto a una deidad.
Desde la irrupción del jazz en la primera mitad del siglo XX, se ha asociado a la cultura juvenil con los designios del maligno: vano intento por parte de los poderosos de conseguir controlar aquellos vehículos de expresión que hagan tambalear los cimientos de su existencia señorial. Ellos y sus aliados en el dominio ejercido (léase religiones) son los malvados aquí, que pretenden tenernos oprimidos bajo la justificación de que una divinidad nos puso a cada uno en el lugar que nos correspondía. Nos regalan a manos llenas el cáncer de la resignación, nos hacen creer en la esperanza de un mundo ultraterrenal en el que existe la justicia que nos niegan, y sin embargo tratan al rock como un culto a la depravación.
¿Por qué esa inquina hacia los gloriosos acordes de nuestro movimiento? Principalmente porque éste, al vivir ajeno a conjeturas celestiales, no teme denunciar las mentiras y corrupciones de los que guardan con recelo tenencias materiales o la posesión de almas incapacitadas para aceptar la insoportable levedad del ser.
No creemos en Satanás, y mucho menosen el mal, pero bellísima es la figura de un ángel - Lucifer- que se revela ante su señor porque quiere gozar de los mismos privilegios de éste. Quien no vea en tan antigua y vigente leyenda una metáfora sobre el opresor y el oprimido, absolutamente aplicable a la sociedad de nuestros días, no es digno de los ojos que la naturaleza -y nadie más- le dio.
En este editorial rendimos tributo a aquellos agitadores de masas que hicieron más por un mundo mejor que cualquier iglesia o sistema político. Ellos tomaron la parafernalia satánica como un símbolo de lucha contra los valores establecidos, heredando una y otra vez a los seguidores de todo el mundo su estética y actitudes. Quien guste de jugar a dioses y satanases allá él , pero ni los protagonistas de esas "posesiones masivas" que según los teólogos se dan lugar durante los conciertos de rock suelen creer en cuentos luciferinos.
Lamentablemente los hay que sí adoptan sombrías formas de vida que en muchos casos llevaron a la tragedia. También hacemos eco de los dementes atormentados que creyeron ver en su misantropía acomplejada y sus ideales ultrafascistas la presencia de un ser superior que venía a dominar el mundo. No pretendemos asustar aunque a veces la realidad de algunas historias supere terroríficamente a los relatos de terror de maestros como Lovecraft, Poe o King, lo que hacemos es darle un sentido muy específicoal dicho tantas veces: "quien juega con fuego se quema".
Aferremonos a esta vida, que es la única que tenemos, y tratemos de buscar nuestro espacio en la misma. El rock seguirá siendo un estandarte de la libertad y un motor para sobrellevar nuestras inquietudes y dificultades. Cuando alcemos el puño y nuestro índice y meñique reclamen la presencia del macho cabrío tomémoslo sanamente como un siímbolo que hace temblar a quienes aspiramos derrocar.
Editorial tomado de la revista Heavy Rock
31 de Julio del 2001. |