METALICOS 

 
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Editorial
Cacería de Brujas

Desde hace ya unos treinta años que el género musical conocido como Heavy Metal y sus incontables ramificaciones han sido víctimas de una terrible “cacería de brujas” llevada a cabo por la sociedad en general (al igual que el rock, que ya cumple 50 años de existencia). Los estridentes e inusuales sonidos propios de este tipo de música impactaron a la población contemporánea, la cual, aún hoy en nuestros días, parece no haber desarrollado una tolerancia e, inclusive más importante, un respeto por los aficionados a esta fenomenología musical. No voy a negar la existencia de agrupaciones cuyos temas abarcan puntos que se pueden considerar nocivos (a fin de cuentas, lo que se profesa es una opinión, a lo cual todo ser humano tiene derecho), sin embargo, es enorme la cantidad de bandas cuya música se crea bajo conceptos increíblemente profundos y fundamentados.

En subgéneros conocidos como el Heavy, Power o True Metal son en sí toda una comprobación de la tesis planteada (a la cual miles de personas se apegan). Estas ramificaciones se centran repetidas veces en el uso de mitologías y epopeyas. Elementos como unicornios, héroes, batallas, elfos, magos, dioses y demás son de frecuente encuentro en estas composiciones. Me pregunto: ¿qué hay de “demoniaco” en esto? Absolutamente nada. Catalogar estos recursos bajo esa connotación sería un completo irrespeto hacia nuestra propia historia y orígenes comunes. La mitología no representa sino el amanecer de nuestro pensamiento filosófico, es decir, constituyó el preámbulo a nuestras elaboradas explicaciones del mundo en que vivimos. Con el mito y el arte se empiezan a manifestar los arquetipos de la humanidad, pilares del Conocimiento. Entonces, una vez más, ¿qué hay de “demoniaco” en esto? Absolutamente nada.

Ahora situémonos, por ejemplo, en el Gothic Metal. El mismo nombre nos remite a una vasta cantidad de implicaciones a lo largo de la historia consideradas como grandes obras, sin embargo, no tarda la palabra “metal” en aparecer para ser visto como algo maligno.

Empecemos con los orígenes de la tendencia gótica. Una vez superada la Era Clásica, el mundo europeo-occidental se dio la tarea de crear su propio sello artístico (siempre sujetado a lo establecido por la Iglesia). Así se empezaron a diseñar catedrales que rompían con la arquitectura románica y cada vez eran construcciones más ágiles y hermosas. El uso de gárgolas, demonios y serpientes se convirtió en un hábito, a pesar de tratarse de edificaciones de índole estrictamente religiosa. Posteriormente vino el Renacimiento y, con la época, la imposición monárquica (detonante del movimiento gótico como corriente de corte artístico y socio-político). Con el paso del tiempo, cada vez era más notable el descontento popular, por lo cual era necesario un desarrollo de la conciencia social; de esta forma surgieron los pensadores ilustrados. Bajo estos ideales, diversos grupos de intelectuales quisieron manifestar su oposición mediante el siguiente concepto: si el absolutismo experimentado era visto como algo bueno, pues se debía buscar una manifestación simbólica antagónica. Las modas burguesas consistían en voluminoso vestidos de colores claros y llamativos, entonces los góticos optaron por vestir ropas sencillas y de colores oscuros (todo bajo un concepto de separatismo meramente político). Las agrupaciones de estos intelectualesse llegaron a sentir tan identificados que lo catalogaron como bello y hermoso.

Se preguntarán cómo todos estos acontecimientos históricos se vinculan con la música. Ciertamente, una pregunta muy intrigante. Pues bien, el goticismo logró aceptar que lo monstruoso, siniestro y oscuro, querámoslo o no, forma parte del ser humano. Las gárgolas y demonios no representan sino nuestra parte melancólica y triste (intrínseca a nuestra parte consciente e inconsciente), quizá la más humana de todas. La música gótica transmite el siguiente mensaje mediante sus letras: somos seres humanos constituidos por una dualidad psico-espiritual, la cual inicia en un mundo caótico y triste, sin embargo, indispensable para llegar a la realización. ¿Qué sería de este mundo sin lo oscuro? No podemos decir que todo es luminoso, porque se requiere de la oscuridad para definir qué es luz. Pues así pasa con nosotros, debemos apreciar el dolor, ya que éste es el génesis de nuestra alegría.

Este tema nunca dejará de ser polémico e, inclusive, inconcluso; sin embargo considero que a la hora de ser debatido debemos tomar un criterio más amplio. Cada vez que escuchemos esos sonidos extraños acompañados de voces un poco diferentes tratemos de analizarlos, ya que no es simplemente música, sino la expresión definitiva del Pensamiento más elevado.

Por William Pérez Porras