Decidí titular a este editorial de esta manera ya que ha notado cierto comportamiento en los conciertos y actividades relacionadas con el metal en nuestra pequeña pero querida escena. No es nada oculto para muchos de que la mayoría de los metaleros son personas pensantes y con un gran sentido de crítica y abiertos a varios criterios. Sin embargo, como dice el viejo adagio, “Justos pagan por pecadores” Y precisamente a eso quería referirme ya que hay un comportamiento irresponsable e inmaduro en las actividades nacionales, perpetradas por unos pocos, que van en detrimento de una mayoría.
Ya son varias las ocasiones en que he notado comportamientos absurdos como la mención de insultos soeces que creo en ningún centro penitenciario tendrían la imaginación para lograr elaborarlo, o inclusive, la exposición publica de ciertas partes corporales a miembros de la televisión nacional que llegan a cubrir dichos eventos. Muchos de estas personas que forman parte sentirán que su hombría es incrementada al llevar a cabo dichos actos. Es lógico, ya que tienen el apoyo de su grupito al que la irreverencia e irrespeto son los únicos logros que los veneran dentro de los mismos. Pero esto pasa a ser representativo y estereotipo del metalero una vez que los rumores, las imágenes y las noticias se hacen presentes. ¿Quiénes pagan los platos rotos? El metalero en general. ¿En cuantas ocasiones nuestra escena no ha sido tomada como chivo expiatorio por los actos perpetrados por unos pocos? Es cierto, el rock es una catarsis, un alivio de las crudas realidades de este mundo pero en ningún momento debe ser una excusa para la expresión irracional e irresponsable de actos y menciones que insultan, denigran y porque no decirlo, inclusive nos ridiculizan ante la mayoría. A veces nos decimos de que no somos comprendidos o que somos odiados por una sociedad que no nos entiende. Sin embargo, esto se ve permitido ya que estos actos le dan las municiones necesarias a los medios y a la opinión pública para ridiculizarnos. No debemos darle esta oportunidad a la gente que detesta nuestra música sin haber llegado mas profundo y haber entendido que detrás de esa pared sónica, con el volumen subido hasta 11, existe una música inteligente, energética y de gran trascendencia para el que la escucha y logra captar la idea.
Me rehúso a pensar del metalero como un ser ignorante, sin ningún tipo de capacidad de análisis, que sencillamente sigue a la masa. Es precisamente por rechazar esta ultima razón que a mi me gusta la música que escucho. Pero para demostrarlo, uno debe ser mejor a la masa y crearse su propia opinión de las cosas. Uno debe actuar de manera firme pero con análisis. Uno debe evitar seguir lo que digan los demás, incluso dentro de su mismo género y aprender a tener una opinión personalizada. No he escrito este editorial con la intención de predicarle nada a nadie ni es mi intención censurar los puntos de vistas de las demás personas. Cada quien es dueño de su propia vida y debe hacer con ella lo que le plazca. Pero como metalero, tengo una responsabilidad ante el genero que represento y aunque nunca seamos aceptados en nuestros gustos musicales, es importante la autocrítica y retroalimentación para demostrarle a todos allá afuera de que lo nuestro no es un simple acto irracional de liberación de frustraciones y catarsis. Es un mas bien un acto pensante, energético y entretenido cuyo contenido musical es de lo más ecléctico y al mismo tiempo interesante. Cada quien tiene la batuta en su mano…
Por Rob
23/5/06
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