He tenido el honor de participar en este proyecto de metalicos.com por casi un año, y con el paso del tiempo me he dado cuenta de diversas particularidades que conlleva el proceso de escuchar un disco y analizarlo a fondo. En particular, es interesante notar que reseñar un disco malo es bastante sencillo, pero conforme aumenta la calidad el asunto se complica, hasta llegar a la casi imposible tarea de reseñar lo que voy a llamar “el disco perfecto”.
¿Cuál es la diferencia? Para aquellos que nos encanta la música, la diferencia viene de la responsabilidad implícita de hacer justicia a un trabajo que nos ha llegado al corazón. En todos los aspectos de la vida, criticar es sumamente sencillo, pero resaltar las virtudes nos resulta complicado. Al estar en presencia de este “disco perfecto”, es necesario buscar la mejor manera de transmitir las emociones que nos produce la obra musical en cuestión, de manera que el lector se sienta intrigado y busque el material.
En el caso particular del metal, la descripción musical no es nada fácil. Una de las cosas más lindas de este género es su variedad, donde se funden gran cantidad de estilos y formas, moviéndose de lo más sencillo a composiciones de una complejidad pasmosa, donde se fusionan ritmos y culturas de todas partes del mundo. Es un movimiento que une los simples y pegajosos riffs de Manowar con el sonido orquestal de Therion, las hermosas armonías de Opeth con la agresividad de Cryptopsy; lo mismo que el alegre sonido de Mago De Oz con el sombrío y oscuro doom de My Dying Bride. La belleza del metal es que los límites no existen, y me atrevo a decir que son pocos los géneros musicales que pueden hacer esa afirmación. En las inmortales palabras de Barón Rojo: “dice que el gran Beethoven hoy tocaría rock, aunque le ataquen mantendrá su opinión” ...
Ahora, partiendo de que toda reseña debe tener como principal característica la objetividad, es válido preguntarse lo siguiente: ¿Cuáles factores definen un “disco perfecto”?
El primer factor a discutir es la importacia histórica. Existen discos cuya salida al mercado hizo nacer nuevos movimientos y sirvió como influencia para decenas de bandas en el futuro. Si nos remontamos a los ochentas podemos encontrar varios ejemplos importantes ... 1982: The Number Of The Beast, 1986: Reign In Blood, 1986: Master Of Puppets ... y la lista sigue ... todos discos que marcaron época y que podemos considerar “perfectos” por la importancia de su legado.
Tomando en cuenta lo anterior, podríamos decir que un “disco perfecto” es por defecto totalmente original, lo cual no es correcto. En 1998 el power metal no era nada nuevo, pero aparece un disco como “Nightfall in Middle-Earth” de Blind Guardian cuya perfección no radica en la originalidad, sino más bien en la puesta en escena de diferentes aspectos del género de manera impecable. Otro caso, la banda norteamericana Death que aparece con su primer disco en 1987, pero que realmente logra plasmar su visión musical con “Symbolic” en 1995. “Rust In Peace” de Megadeth, que aparece en 1990 cuando ya el thrash estaba en su apogeo, pero no por eso deja de ser un trabajo fabuloso y perfecto a su modo.
Un tercer punto puede definirse como la exitosa fusión de estilos. Bandas como Agalloch y Arcturus han logrado incorporar en su espectro musical influencias de folk e incluso música electrónica, sacando discos verdaderamente fabulosos, y como olvidar a los israelíes de Orphaned Land con sus instrumentos tradicionales de Oriente Medio en un disco tan bueno como “Mabool”.
Podemos seguir enumerando factores, pero el punto principal es el siguiente: Hace un rato mencioné que toda reseña debe tener como principal característica la objetividad, pero, al igual que toda forma de arte, la apreciación musical es en esencia subjetiva. Partiendo de esta premisa y si nos mantenemos dentro de los parámetros de la objetividad, el “disco perfecto” como tal no existe. Por otro lado, tal vez no exista “El disco perfecto”, pero sin lugar a dudas, sí existe “MI disco perfecto”, moldeado así por mi perspectiva y la subjetividad inherente a esta forma de arte que llamamos música.
Como prueba de lo anterior, probablemente en este momento muchos están pensando que cómo es posible que se me olvidara X o Y disco, o que alguno de los antes mencionados no es tan bueno, pero ahí precisamente está lo más bello de la música y del arte en general. Por más que queramos racionalizarlo, siempre queda en el aire ese factor indescriptible, esa sensación que no podemos poner en palabras ... y es en ese punto donde radica la perfección. Cuando escribimos una reseña podemos explicar factores técnicos, históricos, de forma y de fondo, pero ese detallito que nos impulsó a darle un 100 es lo que siempre permanecerá escondido ... porque a final de cuentas, la belleza está en el ojo del que la mira ... o en este caso, en el oído del que la escucha.
Por Esteban R
30/05/2006
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