METALICOS 

 
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Editorial
Y siguen de necios...

Luego del suicidio de una pareja por supuestas prácticas satánicas surgió de nuevo esta situación de criticar y ver con malos ojos a los que acostumbramos vestir de negro.

El punto no es hablar de la pareja suicida, sino de lo que surgió a consecuencia de eso: aparecieron “expertos en satanismo”, representantes de la “iglesia satánica”, sociólogos profesionales y “maduros” afirmando que vestirse de negro y escuchar metal es el primer paso para el suicidio, en fin, apareció cualquier cantidad de gente que se deshizo en críticas para los metaleros.

No es nueva esta actitud, y aunque para muchos de nosotros nos interesa poco o nada lo que diga la gente, la verdad es que hay un punto en que llega a cansar y asquear esa habladuría sin sentido.

No niego del todo que el metal ha sido utilizado como instrumento para el satanismo, pero eso no significa que todo el metal sea Satanás tocando música como han hecho creer muchos a la gente.

También está el asunto de que el metal en su mayoría nos recuerda que no todo en el mundo es felicidad total, de que no todo es color rosa, y hablar de temas a los cuales la gente tiene miedo de hablar es una motivación para que la gente siga criticándonos.

Lo triste es que se dejan llevar por las apariencias, una persona vestida de negro ya es considerada un peligro social y hay más de un tarado que se viste de negro solo para jugar de loco, para dar “miedo”, simplemente para que la gente lo vea; pero el ser metalero va más allá del color negro, es ser parte de una cultura, lejos de la creencia religiosa o del lugar en que se viva, es ser parte de un grupo de gente con pensamiento propio.

El metal puede hacer de una persona desde un simple seguidor de esta música, hasta una persona con una convicción y creencia propias, y que ha integrado esta música en su vida, pero está dentro de cada uno ser satánico o no, como dije antes, el ser metalero no te hace un servidor del diablo, esto es algo totalmente ajeno al metal.

El problema es que la gente no acepta el metal, aceptar música como el reggaetón, que considera a la mujer como juguete sexual, un parque de diversiones es normal, pero si oyes metal te denigran, te señalan aunque por la cabeza de uno jamás haya pasado la idea de volverse satánico.

La sociedad ha abierto su mente para muchas cosas y situaciones, pero parece que no está anuente a abrírsela al metal, y que por causa de unos pocos, la sociedad generaliza la culpa y nos señala a todos.

Más allá del color, más allá de la música, deberían saber que somos gente normal, con pensamiento propio, y en la mayoría de ocasiones, más inteligentes que un montón de bestias que dicen ser los regidores del mundo civilizado.

Por Nelson
05/02/2007