METALICOS 

 
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Editorial

¿Dirige la razón nuestros actos? 

"¿Qué clase de hombres seríamos si careciéramos la facultad de razonar?"... empieza así Vito Corleone su discurso dirigido  a los principales jefes de la mafia en la obra "El Padrino" de Mario Puzo. Había recibido un disparo, su hijo Santino había sido asesinado y las cinco familias de New York se encontraban en una guerra abierta cuyas consecuencias eran terribles para todos. Aún en ese momento de dolor, Don Corleone conserva la ecuanimidad e invita a sus paisanos a razonar diciendo: "... Seríamos como las bestias de la selva. Pero la razón preside todos nuestros actos. Podemos razonar el uno con el otro, podemos razonar con nosotros mismos". 

La principal característica común que tienen los géneros musicales “no populares” es el orgullo de sus fanáticos por haber descubierto estas joyas artísticas ignoradas por las masas. Llámese metal, AOR, jazz, clásico, etc.; buena parte del atractivo de estos géneros consiste en haber tenido que investigar, evaluar e incluso gastar altas sumas de dinero para conseguir material que aparentemente no es apropiado para las radioemisoras de mayor audiencia. El fruto de todo este esfuerzo es el conocimiento musical, obtenido a través de un proceso de razonamiento complejo, el cual genera satisfacción personal y el sentimiento de pertenencia a un grupo de personas que piensan diferente. Muchos podrían argumentar que esto es un esquema de pensamiento elitista, pero no lo veamos del lado negativo, sino más bien resaltemos las bondades que conlleva siempre la búsqueda del conocimiento. 

¿A qué quiero llegar con esto? Principalmente al hecho que el raciocinio no debería ser dominio exclusivo del ambiente musical ni mucho menos, sino más bien debería ser aplicado en todos los aspectos de nuestra sociedad. Y tomando esto en cuenta, quiero referirme acá al controversial tema del tratado de libre comercio entre Costa Rica y los Estados Unidos. 

Para los que no conocen mucho del asunto, hace ya varios meses Costa Rica y el resto de Centroamérica negociaron con Estados Unidos un acuerdo comercial, el cual todavía no ha sido aprobado por la asamblea legislativa costarricense. Como es usual en asuntos de tanta importancia, diversos grupos sociales han tomado posiciones antagónicas al respecto y el debate de ideas probablemente se prolongue hasta mucho después de que el gobierno tome la decisión final. 

No escribo esto para apoyar el TLC ni para mostrarme en contra, sino más bien como una invitación a pensar. En los próximos meses veremos marchas, bloqueos y probablemente actos de vandalismo perpetrados en nombre de una ideología que muchos de los implicados ni siquiera conocen. ¿Por qué marchar en contra o a favor de algo que no conozco? ¿Cómo me atrevo a acercarme a una demostración de este tipo si no he leído y ENTENDIDO a plenitud el famoso tratado? ¿Será acaso que me he dejado llevar por los líderes del movimiento y he dejado de pensar por mi cuenta? 

Ojalá el carisma y la inteligencia fueran de la mano, pero no es así. Muchas veces los líderes de una causa son los responsables de contagiar a las masas con su estupidez, causando así disturbios, violencia y actitudes que van en contra del raciocinio. Y que no se crea que estos comportamientos son exclusivos de un país ni nada por el estilo; el pasado 2 de febrero en Italia, el agente de policía Filippo Raciti murió al ser alcanzado en la cara por un petardo en las afueras del estadio Angelo Massimino, donde se disputaba el derbi entre el Catania y el Palermo. En Argentina, el estadio de River Plate acaba de ser clausurado cinco partidos por un enfrentamiento entre las barras bravas del club. Atentados suicidas por causas religiosas, asesinatos para robar cualquier cosa... en fin, las consecuencias de la irracionalidad las vemos todos los días.

¿Seremos acaso como las bestias de la selva o dirige la razón nuestros actos? Cuando el TLC salte a la palestra política en estos días, no nos dejemos llevar por las voces de otros. Sea que estemos a favor, en contra o que no nos importe, tengamos claras nuestras ideas y apoyemos la causa con una convicción propia de la sabiduría, de manera que cuando nos pregunten podamos defender nuestra postura ideológica de la misma forma que con orgullo exponemos nuestra preferencia musical.

Por Esteban R
19/02/2007