No es un secreto que uno de los medios más importantes en nuestra sociedad actual es la televisión. No importa que tan pequeño sea el espacio o lo inverosímil de lo que se transmite, la televisión ha servido un papel muy importante en la formación de los individuos de manera tanto positiva como negativa. Tal es el impacto de este medio que incluso se ha llamado a una generación entera “La generación de la TV”. El medio a crecido a proporciones tan grandes que a través de este se gastan miles de millones de dólares, euros, colones o cualquier otra moneda solo en publicidad; después de todo que mejor publicidad que la que entra por los ojos.
Como es lógico la tele tiene un sinfín de caras y lados; por un lado tenemos la parte más pura (si es que tal término se puede aplicar) la cual es la que nos puede ayudar a aprender y a expandir nuestro conocimiento, aquella que nos pone a pensar. Desgraciadamente, al menos en Costa Rica, este tipo de televisión parece que está limitado a unos cuantos canales de cable que prácticamente son especialistas es espacios de investigación y ciencia. Para aquellos con un poco mas de recursos las opciones, que la verdad son bastantes, pueden multiplicarse con ayuda de televisión vía satélite. Para todo lo demás…bueno, tenemos la televisión nacional.
Da pena ajena la forma de hacer televisión en este país, no tanto por los recursos o la calidad de la producción, ya que siendo justos, en este país el nivel la producción en lo que se refiere a capacidad, talento y recurso humano es bastante bueno. Lo que da pena es como poco a poco la audiencia se ha vuelto poco exigente y consume a cualquier fantoche que aparezca diciendo la primer cosa que se les ocurre. ¿Dónde están los comunicadores?
Tal vez uno de los peores dones de la televisión es el de concederle una credibilidad casi instantánea a cualquiera que aparezca en esta. Mientras que por un lado tenemos a gente centrada que está consciente de este hecho y es bastante cuidadosa y profesional a la hora de expresarse en un medio como este, también existen figurillas creadas y masificadas por un vulgo totalmente obtuso y carente de criterio, un criterio que estas disque estrellas parece que se esfuerzan en lisiar.
No es bueno crear estereotipos, por lo que decir que todos los que ven programas de bajo contenido, livianos y vulgares son de alguna u otra manera menos que otros. Nada más alejado de la verdad. Muchas veces ver un programa liviano es bueno para liberar un poco el estrés y olvidarnos de lo atareadas que pueden ser nuestras vidas. No obstante la aparente dominación de programas de chismes sobre una supuesta farándula o programas de concursos donde el patrocinador principal pareciera ser una clínica de lipo-escultura y o una manufactura de silicón debería ser una alerta suficientemente grande para notar que algo anda mal. Peor aún es el hecho que toda una generación de jóvenes está siendo criada desde la cuna con este tipo idealizaciones que lo único que hacen es poner de manifiesto el tercermundismo y machismo disfrazado que estos programas promueven.
Uno de los ejemplos más tristes en lo que a enajenación televisiva se refiere son los espacios musicales. Actualmente da lástima y pena ajena ver los espacios de corte musical, o peor aun, canales que se dedican a transmitir música. Pareciera que la norma para salir y ser un “pegue” como presentador es hablar incoherencias mientras que se le formulan preguntas cajoneras y necias a todos y todas las que llaman para pedir alguna canción. Temas como el ya tradicional “¿usted que, Morado o Herediano?”, el muy denigrante “¿Quiénes son más (inserte cualquier estereotipo), hombres o mujeres?” o simplemente “Oiga, ¿verdad que la fiesta es mejor que estudiar?” son el pan de cada día. En este aspecto, los espacios que verdaderamente involucran al televidente de manera activa y crítica son muy escasos.
Fácilmente podría seguir y seguir escribiendo sobre este tema, el cual tiene mucha tela que cortar. También podría hacer mención a la forma tan ridícula que estos espacios tienen para decidir que pasar y que no pasar; más específicamente algunas contradicciones sobre lo que estos consideran como inmoral o censurable. Tal fue el caso con el ya difunto programa de rock El Ático, el cual si bien es cierto que no era el espacio de metal que a más de uno le hubiera gustado por lo menos estaba en la lucha tenaz. Curiosamente este espacio fue sacado del aire por transmitir videos muy pasados de grupos muy pasados de tono como... ¿Iron Maiden?
Igualmente curiosa es la forma en que a pesar de que este espacio era programado en una franja nocturna nunca pasó algún video que podamos considerar nocivo, ¿será que es más nocivo ver algún video de Nightwish que ver uno de un artista que promueve el machismo a través de la degradación de la mujer como un objeto simple y llanamente sexual la cual debe ser sumisa y no tener una aspiración que no sea andar con algún hombre cuyo éxito social es inversamente proporcional a su educación e igualmente proporcional a la cantidad de modificaciones que tiene su auto?
Pensar que podemos cambiar los hábitos de consumo televisivo de un día para otro es pretensioso. Se ocupa tiempo y ganas para conseguir un cambio significativo; lastimosamente pareciera que las cosas se ponen cada día más difíciles; afortunadamente hay espacios que se esfuerzan en dar algo mejor cada día, tanto en música como en contenido, no voy a decir nombres porque no es mi deber, el deber es de cada uno y consiste en demandar propuestas de calidad e inteligentes; espacios verdaderamente alternativos que sean el reflejo de una sociedad civilizada y centrada, y por supuesto apoyar estos espacios.
Andrés
16/07/07 |