El día 12 de octubre del año 1492, al divisarse a lo lejos la línea costera de la isla Guanahaní, situada en lo que hoy conocemos como el archipiélago de las Bahamas, a bordo de una embarcación un tal Rodrigo de Triana daba el primer grito comunicando a sus compañeros el avistamiento de tierra americana.
Han transcurrido 517 años desde ese día, el primero en que –oficialmente– hombres europeos hicieran contacto con las civilizaciones aborígenes de nuestro continente.
Todos compartimos algún nivel de conocimiento de lo que sucedió a continuación. Lo que no compartimos, es la forma en que esos acontecimientos son valorados. Para una abrumadora mayoría, la civilización llegó por primera vez a América montada en barcos españoles. Para otros, la civilización –al contrario– fue condenada a desparecer con la llegada de los europeos.
Pero las opiniones son irrelevantes, son casi como los gustos, todos tienen uno y nadie está dispuesto a exponerlo a la refutación frente a los otros. Por eso frente a las opiniones, es mejor voltear a mirar los hechos.
Veamos una parte de la realidad actual en nuestro país, la que con toda seguridad aplica a toda América Latina. ¿Qué, en nuestra sociedad es lo que aprendimos a llamar valioso? ¿Qué es lo que nosotros valoramos, a qué le damos importancia? ¿Qué es lo que nos matamos trabajando por conseguir? Podríamos decir: a la familia, a los lazos de amistad, a la felicidad, etc. etc. Se pueden citar otros 500 clichés y lugares comunes. Pero tomémonos por una vez en la vida el tiempo de en verdad, leer el libro y no solo la colorida portada.
Todos sabemos que hoy en ciertos lugares de nuestras ciudades no debemos, NO PODEMOS caminar solos o cargando objetos valiosos... valiosos. Con un simple balazo en la frente otro ser humano puede apoderarse de nuestras posesiones valiosas, o vengarse porque alguien más le ha arrebatado a él mismo sus propias posesiones valiosas.
En apenas 517 años aprendimos que lo valioso es lo que puede ser arrebatado. Lo valioso no es la felicidad o el conocimiento, no se engañen, nadie le dispara en la cabeza a otra persona para robarle felicidad o conocimiento. Matamos no porque un teléfono celular tenga valor, porque no lo tiene, sino porque nosotros se lo hemos dado, socialmente hemos llegado al acuerdo de que gastar el sueldo de tres meses, o endeudarnos hasta las orejas, es algo absolutamente aceptable y digno de ser hecho con tal de conseguir un objeto: celular, ropa, zapatos, relojes... ya saben, todo por lo que otro ser humano está dispuesto a matarnos sin pensarlo. “Me parto la espalda para conseguir algo que puede acabar con mi vida, porque eso es lo que todos los demás valoran. ¡Que me lleve el diablo si no tengo todas las cosas que son importantes para los demás!” Los seres humanos tenemos la asombrosa capacidad de convertir la estupidez más descomunal en pura y simple racionalidad.
Eso es lo que tenemos 517 años después. Los valores importados de otro continente, justificados con la religión y la moral de otro continente. Pero la mayoría de nosotros sigue creyendo que esa es la única forma posible de vivir una vida humana. Nadie se detiene un segundo a pensar lo que de verdad sucedió el 12 de octubre de 1492. En ese día aprendimos que el oro no es un regalo de los dioses, sino un recurso susceptible de ser convertido en moneda y por el que matar se convierte en un acto racional. En ese día aprendimos que un sacerdote maya sacándole el corazón a un sacrificado, es barbarie y salvajismo, pero que Abraham a punto de degollar a su propio hijo por mandato de Dios, es fe. Arrasamos a nuestros propios dioses del agua, del sol, la luna y la guerra con el argumento de que eran demoníacos, para sustituirlos con un dios mediocre y cobarde inventado por un pueblo nómada en un desierto a más de 10 mil kilómetros de aquí.
Y en medio de todo esto estamos nosotros y nuestra comunidad que comparte el gusto por esta música. Y a través de varios de sus estilos hemos llegado a conocer bastante sobre la Edda Poética, el Anillo de los Nibelungos, Sleipner y Draupner, Thor y su martillo, el árbol de la vida Yggdrasil, dioses babilonios, el Duat egipcio, legiones romanas arrasando pueblos bárbaros, pero no conocemos un carajo sobre el Popol Vuh, el Rabinal Achí, Quetzalcoatl, Sibú, Machu Picchu o los indios que en Panamá, entre los ríos Yebra y Veragua, masacraron y echaron a los españoles en 1502, en la primera defensa de tierra continental americana de toda la historia moderna.
Todo este discurso tiene un fin –y relacionado con nuestra música por cierto–, y es dar a entender que nuestra propia historia antigua tendrá tanto valor como la de los vikingos en Escandinavia, si nosotros lo decidimos así. ¿Y qué creen? ¿Que el tremolo riff y el blast beat no pueden acompañar el sonido de una ocarina o un tambor indígena? ¿Que una guitarra distorsionada y una voz gutural no pueden rendir homenaje a Xibalbá el inframundo maya, o a Sibú, el dios que todavía VIVE para un pueblo entero en nuestras montañas de Talamanca? Para quienes no lo sepan, en México, Estados Unidos, Centro y Suramérica, son docenas las bandas que dijeron: “nuestra historia también es digna”, y le cantan con furia y brutalidad a los dioses antiguos y a las leyendas de batallas épicas, peleadas con arco y flecha en la selva tropical o en el altiplano. Y estos héroes musicales tienen nombre: Yaotl Mictlan (que sacan su próximo disco con CANDLELIGHT records), Xibalba, Xolotl, Illapa, Yaoyotl, Balam Akab, Apuch Oztoc, Kay Pacha, Trono de Huesos, Yana Raymi…)
Y sin embargo nada de esto puede cambiar en mucho lo que 517 años de imposición han hecho. Pero hay valor y orgullo en reconocer que incluso hoy se puede sentir respeto y un profundo asombro por lo que hubo antes, y que NO VALORAR un par de zapatos caros o un televisor de 50 pulgadas, también es algo absolutamente aceptable y digno de ser hecho.
El 12 de octubre sí puede ser una fecha con valor, pero no como el gran día del descubrimiento, sino como el aniversario de la muerte orgullosa y valiente de millones de personas cuyas civilizaciones, aunque ya no existan, serán para siempre SUPERIORES a la que con sus enfermedades y su dios repugnante nos trajeron los europeos.
Mauricio Gamboa
12/10/09
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